Un nuevo estudio dirigido por especialistas alemanes y estadounidenses sugiere que nuestros pensamientos afectan de manera directa al funcionamiento cerebral y que la imaginación desempeña un papel primordial en el camino que vamos a seguir en el futuro.
El simple hecho de imaginar un encuentro positivo con alguien no solo puede aumentar el agrado hacia esta persona, sino que también puede cambiar la forma en que el cerebro almacena información sobre ella, afirman investigadores de la Universidad de Colorado en Boulder y el Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Cerebrales Humanas.
Los neurocientíficos señalan que su estudio es "una de las pruebas más sólidas hasta la fecha de que la imaginación vívida puede tener efectos neuronales y conductuales tangibles". De acuerdo con ellos, sus hallazgos podrían ayudar a combatir problemas de salud mental, mejorar las relaciones entre las personas e incluso el rendimiento deportivo y musical.
"Demostramos que podemos aprender de experiencias imaginadas, y funciona de manera muy similar en el cerebro a cuando aprendemos de experiencias reales", indica el autor principal, Roland Benoit. Sus palabras las corrobora otro de los autores del estudio, Aroma Dabas, quien agrega que "esto sugiere que la imaginación no es pasiva". "Más bien, puede influir activamente en nuestras expectativas y elecciones", asegura.
¿Cómo se elaboró el estudio?
Un total de 50 personas participaron en el estudio, basado en imágenes cerebrales destinadas a detectar si un encuentro imaginario sería capaz de producir una descarga de dopamina (un neurotransmisor que indica que algo nos gusta inesperadamente) al igual que lo hace un encuentro real.
Para ello se pidió a los participantes que enumeraran a 30 personas que conocían y las clasificaran en función de si les caían bien, les producían emociones neutras o les caían mal. Dentro de una máquina de resonancia magnética funcional (fMRI) a los participantes les mencionaron los nombres de las personas que habían clasificado como neutrales y les instaron a imaginar durante ocho segundos una experiencia positiva o negativa.
"A lo largo de la tarea, los participantes desarrollaron una preferencia por las personas con las que más se habían divertido imaginariamente y, en una prueba posterior, incluso indicaron que les gustaban más", señalaron. Sus escáneres cerebrales también confirmaron actividad cerebral más intensa, sugiriendo que lo imaginado habría modificado el conocimiento sobre las personas que almacenaban en el cerebro.
Sin embargo, la investigación no halló que imaginar experiencias negativas con personas hiciera que los participantes sintieran menos agrado por ellas, y los investigadores esperan realizar más estudios para comprender el porqué de este fenómeno. "La moraleja por ahora es esta: imagina mejores relaciones y es posible que lleguen", concluyeron.








