Lo que comenzó como la solicitud de un preso para hacer una llamada telefónica en la Unidad Penal N.º 2 de Sierra Chica, en la provincia de Buenos Aires, terminó con el motín más violento y sangriento de la historia reciente de Argentina, que se extendió por más de una semana.
Hace tres décadas, el sábado 30 de marzo de 1996, el reo Marcelo Brandán Juárez llegó a una oficina administrativa de esa cárcel ubicada en la ciudad de Olavarría y pidió usar el teléfono público. Faltaban pocos días para Semana Santa y la estricta vigilancia del recinto se había relajado ante la inminencia de la festividad cristiana, recoge el Diario Anticipos.
Lo que no sospechaban las autoridades es que había un plan de fuga y Brandán Juárez no estaba solo. Junto a él apareció un hombre que tenía un arma y que les exigió a los uniformados que entregaran las que portaban.

A la pareja de presos se unieron otros cuatro, que tomaron rehenes. La vía de escape eran dos escaleras puestas sobre un muro perimetral. En paralelo, otro grupo trataba de distraer a los guardias en una cancha de fútbol. Sin embargo, la intentona fracasó y comenzó la violenta toma del penal que marcó la historia del país suramericano.
Los '12 Apóstoles'
El recinto penitenciario había sido fundado en 1882 bajo el modelo panóptico, que permite a los guardias observar a los presos sin ser vistos, gracias a una construcción dotada con una torre central rodeada por una estructura circular.
Ante la imposibilidad de huir, los presos tomaron a varios rehenes, entre los que se encontraban la jueza María Mercedes Malere y su secretario, Héctor Torrens, que habían ingresado al recinto sin que les informaran sobre el riesgo que corrían. Previamente, la togada les había advertido que estaban haciendo "una cagada enorme", lo que caldeó los ánimos e hizo que le ingresaran por la fuerza al presidio junto a su acompañante.
En el grupo de retenidos también había agentes y visitantes de los Testigos de Jehová, según Diario Uno.

Los líderes del motín sumaban una docena de personas sentenciadas por delitos que iban del robo al homicidio. Por ello, los medios comenzaron a llamarlos '12 Apóstoles', ante la cercanía con Semana Santa.
A las afueras del penal había gran conmoción e incertidumbre. Los familiares de los presos se agolpaban junto a los trabajadores de los medios y la Policía. El país contenía el aliento cada día que pasaba.
El horror
Mientras transcurrían las horas, esta historia, que comenzó con un grupo de amotinados, escaló hasta unos niveles de violencia extrema. Los '12 Apóstoles' decidieron que, en medio de la confusión y el caos, iban a 'ajusticiar' a sus principales rivales en el penal, que eran llamados 'arruinaguachos', y que supuestamente abusaban sexualmente de otros presos y de los visitantes.
Así, se ensañaron contra la banda de Agapito 'Gapo' Lencinas y asesinaron a tiros, puñaladas y golpes a ocho de sus integrantes, incluyendo a su líder. Dentro de los muros de Sierra Chica, circulaba libremente el alcohol y las drogas, lo que incrementó el nivel de brutalidad de las muertes.
En esos días de horror, los cadáveres de los reclusos asesinados fueron desmembrados con hachas y cocinados en el horno de la panadería de la cárcel para desaparecer las evidencias. Sin embargo, posteriormente fueron hallados restos óseos y piezas dentales.

Según el relato de Ariel 'El Gitano' Acuña, uno de los 'apóstoles', usaron la carne de las nalgas para rellenar las empanadas que les dieron a los guardias, que supieron sobre el macabro ingrediente cuando ya se las habían comido, según La Nación.
Entre las declaraciones de los testigos también se mencionó que una cabeza humana había sido usada como pelota y que quienes se negaban a cumplir las órdenes de los líderes del motín eran asesinados.
Tras ocho días de exigencias por parte de los reclusos, que incluso amenazaban con matar a todos los presos, los hombres se rindieron el Domingo de Resurrección, que pone fin a la Semana Santa. Entre las peticiones había revisión de las causas y traslados, que fueron parcialmente atendidos por las autoridades.
El saldo final fueron ocho muertos, decenas de heridos, entre guardias y rehenes. No obstante, como los victimarios se deshicieron de los cuerpos, no hay una cifra consolidada sobre las muertes.
Cuatro años después, en 2000, se realizó un juicio televisado dentro de la cárcel con los protagonistas del motín. El proceso judicial concluyó con seis condenas a cadena perpetua, penas de entre ocho a 15 años, condenas menores y cinco absoluciones, refiere Presente Noticias.







