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Sumisas y devotas: las torturas y violaciones del 'Patronato de la mujer' en este país europeo

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Eran encerradas en un régimen penitenciario por petición de familiares, recogidas en la calle por la Policía o ingresadas tras la denuncia de trabajadoras de la institución.
Sumisas y devotas: las torturas y violaciones del 'Patronato de la mujer' en este país europeo

Entre 1941 y 1985, el Patronato de Protección de la Mujer, dependiente del Ministerio de Justicia y bajo la Presidencia de Carmen Polo, esposa del dictador Francisco Franco, encerró a decenas de miles de niñas, adolescentes y mujeres en España. 

Sin juicio previo, las mujeres fueron encerradas en un régimen penitenciario de terror por la petición de padres o familiares; recogidas en la calle por la Policía; o tras la denuncia de trabajadoras de la institución en sus labores de vigilancia de la moral pública.

Lo que había nacido a principios de siglo como un organismo para luchar contra la trata de mujeres y la prostitución, fue reconstruido por el régimen franquista como un lugar donde 'reeducar' a las 'mujeres caídas'.

Torturas y humillaciones

A quienes no se amoldaban al ideal de mujer que promovía el régimen nacionalcatólico, eran perseguidas por las autoridades. 

Una política de represión que podía tener entre sus objetivos a las mujeres que fumaban o bebían; a quienes habían sido abusadas, a veces por sus propios familiares; a madres solteras; a adolescentes rebeldes o a quienes esgrimían ideología contraria al franquismo.

La institución llegó a contar con cerca de 900 centros en todo el país, gestionados en su inmensa mayoría por órdenes religiosas de monjas. Entre sus muros el trato era especialmente cruel.

"¿A usted le han hecho alguna vez una prueba de virginidad? ¿Le han puesto a usted ortigas en la vulva por hacerse pis en la cama? ¿Le han hecho hacer 150 cruces con la lengua en el suelo hasta que se le ha quedado negra?", fue la respuesta de Consuelo García, superviviente del Patronato, a una intervención de una representante del partido ultraconservador de Vox.

El estremecedor testimonio de García es fruto de la experiencia. Pasó en esos reformatorios encerrada 24 meses, de los 15 a los 17 años, y ha pasado las últimas décadas dando a conocer lo que ocurría en esos siniestros lugares. Escribió cinco libros, incluido 'Las desterradas hijas de Eva', que en 2012 sacó del olvido esa realidad.

Las supervivientes han denunciado que el objetivo del Patronato era reeducarlas, someterlas, adoctrinarlas y silenciarlas.

Paca Blanco, con toda una vida de activismo a sus espaldas, también se ha dedicado a difundir su experiencia en esos lúgubres lugares. Su activismo sindicalista en la adolescencia prendió el miedo en las mujeres de su familia, que temían que acabara como su padre, un preso político. Decidieron ponerla en manos del Patronato, pensando que allí estudiaría secretariado.

Pasó al menos por tres de esos centros, en donde la llegaron a encerrar en una celda de castigo donde no podía ni tumbarse ni estar de pie. Pero la experiencia que más le marcó la tuvo en la Maternidad de Peñagrande.

"Es entrar y ver una cantidad de adolescentes sufriendo, luego estaba por otro lado el miedo de las madres, que no querían que los niños, aunque estuvieran enfermos, subieran a la enfermería. Los niños se les morían a las monjas, pero nunca vimos un cadáver de un niño", relató.

Blanco consiguió volver a casa de su madre con su hija. Sin embargo, no escapó de una estrecha vigilancia de las guardianas de la moral. Su manera de escapar, como hacían muchas mujeres en aquel entonces, fue encontrar un marido y casarse. "Así que salí de un infierno y me metí en otro, porque me casé con un maltratador. A los 21 años tenía tres hijas y una paliza diaria. Eso es lo que le debo al Patronato de Protección a la Mujer", cuenta.

El patronato estaba enfocado en un principio para menores de entre 16 y 21 años, y aceptaban mujeres de hasta 25 en casos especiales, pero en realidad albergaban muchas niñas por debajo de esa edad.

Robo de bebés para dárselos a familias franquistas

Quienes sobrevivieron han relatado torturas, humillaciones, aislamiento, explotación laboral a través de trabajos forzados rara vez remunerados y robo de bebés, que eran sustraídos por las monjas para dárselos o vendérselos a familias afines al régimen franquista.

El centro de esas maniobras era precisamente la maternidad de Peñagrande, ubicada en el distrito de Fuencarral-El Pardo en Madrid. Allí se albergaba principalmente a adolescentes, muchas de ellas embarazadas por los abusos sexuales de un familiar.

No hay números oficiales de cuántos bebés pudieron ser sustraídos durante las décadas que funcionó la institución, tampoco de cuantas mujeres pasaron por todos los centros dependientes del Patronato, aunque se estima que pudieron ser más de 40.000.

De hecho, esa es una de las demandas de las supervivientes, que la Iglesia católica y las congregaciones de monjas entreguen toda la documentación de esa institución y todos los expedientes de las mujeres que estuvieron allí encerradas.

Desde hace años han estado organizándose, ofreciendo charlas y difundiendo lo que fue esa institución, que es desconocida para la mayoría de la sociedad española. Una gran parte de la ciudadanía no sabe que allí se torturó a mujeres, ni que estuvo funcionando incluso en democracia, pues no fue desmantelada hasta 1985, 10 años después de la muerte del dictador (20 de noviembre de 1975) y siete años después de la promulgación de la Constitución democrática (27 de diciembre de 1978). 

El comienzo del reconocimiento 

Las víctimas han logrado que la Confederación de agrupaciones religiosas, que engloba, entre otras, a las que estuvieron a cargo de la gestión de esos centros, pidiera disculpas públicas por los abusos cometidos.

El 9 de junio del año pasado, la Conferencia Española de Religiosos (Confer) celebró un acto en el que reconoció que el Patronato funcionó como "un mecanismo de control social y represión" y que "bajo su tutela, muchas mujeres fueron privadas de su libertad y sometidas a un estricto código de conducta basado en la moral católica del momento", que "vulneraba sus derechos más básicos".

Tan solo cuatro meses después, el 16 de octubre, el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática reconoció, a título póstumo, a Eva García de la Torre como víctima oficial del Patronato de Protección a la Mujer, la primera en ser reconocida como tal.

En marzo de este año, en un acto público el Gobierno de España pidió perdón a las víctimas del Patronato y reconoció su rol como instrumento de represión específica contra las mujeres. En el mismo evento reconoció oficialmente a otras 53 víctimas y anunció un paquete de medidas, como la creación de una comisión de investigación, la colocación de una placa conmemorativa y la declaración del Patronato como Lugar de Memoria Democrática.

A pesar de los pasos dados en los últimos tiempos, las mujeres que de adolescentes perdieron su libertad, su dignidad y, en algunos casos, a sus hijos, sin juicio, sin sentencia y sin condena, todavía esperan verdad, justicia y reparación.

"¿Y qué pasa con las congregaciones? ¿Cuál va a ser su sanción? En 1985, cuando el Patronato desaparece definitivamente, todas estas congregaciones del Patronato se convierten en oenegés y viven del dinero público sin que absolutamente nadie las haya dicho nada", reflexionó Consuelo García.

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