El líder supremo de Irán lanzó un duro mensaje contra los agentes extranjeros y advirtió que la nación iraní no tolerará acciones destinadas a desestabilizar el país.
"La nación iraní no tolerará a los mercenarios extranjeros" afirmó Alí Jameneí durante una intervención el lunes, en referencia a los disturbios registrados recientemente en Teherán y otras ciudades. En ese contexto, dijo que "un grupo de vándalos destruyó un edificio perteneciente a su propio país para complacer al presidente de Estados Unidos", a quien acusó de alentar indirectamente estos actos.
Durante su discurso, Jameneí apuntó directamente contra Donald Trump, afirmando que "sus manos están manchadas con la sangre de más de 1.000 iraníes", en alusión a la llamada 'guerra de los 12 días'.
Según sostuvo, en ese conflicto murieron cerca de un millar de ciudadanos iraníes, entre ellos generales, científicos y civiles. El líder de la República Islámica subrayó que el propio presidente de EE.UU. habría reconocido su responsabilidad al decir: "Yo di la orden, yo comandaba la guerra", para luego, según Jameneí, presentarse como "partidario de la nación iraní".
El líder supremo afirmó que la República Islámica "no cederá ante quienes la destruyen" y que rechazará a quienes, a su juicio, actúan al servicio de potencias extranjeras. "Puedes ser quien quieras ser, pero si trabajas para un extranjero, la nación te rechazará y el sistema islámico te rechazará", advirtió.
Protestas en Irán
Las protestas en Irán, que han estado activas desde finales de diciembre, se han producido en un escenario de crisis económica y fuerte depreciación de la moneda nacional, y se han expandido por todo el país.
Las demandas de los manifestantes se centran en el deterioro de las condiciones de vida, y están marcadas por la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y el descontento con la gestión gubernamental.
Frente a este escenario, las autoridades iraníes han advertido sobre la presunta participación de actores vinculados a servicios de inteligencia extranjeros y han acusado a EE.UU. e Israel de intentar influir en las protestas mediante estrategias de "guerra blanda".


