El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Alí Larijani, afirmó que el país está "en medio de una guerra" y atribuyó a "corrientes extranjeras" el fomento de protestas violentas y el caos.
"No tenemos duda de que tenemos problemas económicos y, por supuesto, la gente que acudió en los primeros días realmente protestaba por la situación económica", reconoció el principal funcionario de seguridad del país en una entrevista el viernes con medios locales.
"Grupo casi terrorista"
Sin embargo, advirtió que los "enemigos" de la República Islámica convirtieron a manifestantes pacíficos en un "grupo urbano casi terrorista". "Convirtieron las protestas de comerciantes en una guerra con armas de fuego, cócteles molotov y peleas callejeras", aseveró.
Larijani denunció que el presidente estadounidense, Donald Trump, busca "quebrar la solidaridad" de la sociedad iraní para facilitar una intervención armada. Añadió que ese objetivo ya se intentó durante la llamada 'guerra de los 12 días' de junio del año pasado y fracasó.
"La nación iraní ha demostrado que, cuando se viola la soberanía de su pueblo, defenderá su vida", enfatizó, y subrayó que las Fuerzas Armadas del país están "totalmente preparadas".
Iranian protesters have set fire to the Al-Rasool Mosque in Tehran.The Islamic Regime is more vulnerable than ever before. pic.twitter.com/ZQeSsl91r0
— Brigitte Gabriel (@ACTBrigitte) January 10, 2026
Protestas en Irán
Las protestas en Irán, que han estado activas desde finales de diciembre, se han producido en un escenario de crisis económica y fuerte depreciación de la moneda nacional, y se han expandido por todo el país.
Las demandas de los manifestantes se centran en el deterioro de las condiciones de vida, y están marcadas por la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y el descontento con la gestión gubernamental.
El presidente estadounidense amenazó con intervenir en Irán si se producían muertes de manifestantes. Mientras, Jerusalem Post reportó el lunes que EE.UU. está considerando una intervención dirigida a apoyar a los manifestantes en Irán, mientras que Israel estudia si el reciente secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, podría establecer un precedente aplicable al Gobierno iraní.
Frente a las declaraciones hostiles, Teherán acusó a Washington y Tel Aviv de instrumentalizar protestas como parte de una "guerra blanda", advirtiéndoles severamente que no interfirieran en los asuntos internos de la República Islámica.
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