Tras el despliegue de 12 aviones de combate estadounidenses F-22 en una base aérea en el sur de Israel —parte del aumento de las fuerzas de Washington en Oriente Medio, mientras el presidente estadounidense Donald Trump reitera sus amenazas de ataque a Irán—, el analista en seguridad nacional Harrison Kass recordó un episodio que matiza el aura de invencibilidad de estos cazas furtivos.
En un ejercicio realizado en 2009 en la base Nellis (EE.UU.), un avión de guerra electrónica de la Marina, un EA-18G Growler —un caza de cuarta generación especializado en interferir radares y sistemas de defensa— logró un "derribo" simulado de un caza furtivo F-22 Raptor.
Tras este episodio, el Growler incluso lució una insignia de "derribo" ('kill') del Raptor, una broma interna que simboliza un honor.
En el portal '1945' sobre defensa y seguridad nacional, el analista explica que el F-22 es un caza de quinta generación: muy sigiloso, rápido, con radar avanzado y sistemas que combinan múltiples sensores para detectar antes y atacar primero, normalmente a grandes distancias; mientras que el EA-18G no es un avión pensado para el combate aéreo directo, sino para cegar radares y defensas enemigas mediante recepción e interferencia electrónica, aunque también puede lanzar misiles aire‑aire.
"El piloto del EA-18G maniobró hacia los 'puntos ciegos' del F-22, utilizando la geometría y la percepción, y luego fijó su objetivo con un AIM-120 AMRAAM", escribe Kass, refiriéndose a reportes del ejercicio.
En este contexto, señala que el caso muestra que, en un entorno saturado de guerra electrónica —con interferencias y engaños al radar— las ventajas de sigilo y sensores del F‑22 pueden reducirse. La clave ya no es solo la maniobrabilidad del avión, sino quién ve primero, quién mantiene mejor la información y quién logra romper la red de sensores del adversario.
Según Kass, este episodio no significa que el EA-18G sea superior al F-22, ni que la doctrina de los cazas furtivos haya quedado obsoleta, ya que los ejercicios suelen diseñarse con escenarios restringidos para probar tácticas y entrenar a las tripulaciones. Sin embargo, destaca que la victoria del EA‑18G de 2009 permanece como una nota al pie que refleja habilidad de vuelo, conocimiento táctico y eficacia en guerra electrónica, que "puede sorprender incluso a los mejores aviones".
Al mismo tiempo, el analista recuerda que este episodio no fue un incidente aislado: aviones de cuarta generación como el Rafale, el Eurofighter y el F‑16 también han logrado victorias simuladas sobre aviones de quinta generación.


