Oriente Medio entra en una nueva fase de escalada mientras Israel amplía sus operaciones en el Líbano, en paralelo a los continuos bombardeos contra Irán y las represalias de Teherán.
Tras el ataque conjunto lanzado el sábado por EE.UU. e Israel —que dejó muerto al líder supremo iraní, Alí Jameneí, junto con altos mandos militares—, Irán respondió con oleadas de misiles balísticos contra territorio israelí y bases estadounidenses en la región. En la noche del lunes, fuerzas israelíes atacaron zonas residenciales y golpearon objetivos vinculados a Hezbolá en todo el Líbano.
Mientras tanto, Washington eleva el tono: Donald Trump afirma que la operación podría prolongarse semanas y promete nuevas represalias tras los ataques con drones contra la embajada estadounidense en Riad.
La crisis se expande también en el frente marítimo. El estrecho de Ormuz fue declarado cerrado por un alto comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que advirtió que cualquier buque que intente cruzarlo podría ser atacado.
En el golfo de Omán, un petrolero con bandera de las Islas Marshall fue alcanzado por una lancha no tripulada, causando la muerte de un tripulante en ese corredor clave para el tránsito mundial de crudo.
En medio del deterioro de la seguridad regional, el Departamento de Estado de EE.UU. instó a los ciudadanos estadounidenses a abandonar más de una decena de países de la zona, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró que "los golpes más duros aún están por llegar".

