Israel y Estados Unidos siguen lanzando ataques contra los altos mandos de Irán, con la esperanza de que un cambio en las élites obligue a Teherán a hacer concesiones.
Los bombardeos causaron la muerte del ayatolá Alí Jameneí y de varios altos cargos militares, entre ellos el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Larijani; el comandante de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani; y el ministro de Inteligencia, Esmaeil Khatib. Y este lunes Teherán también confirmó la muerte del comandante de la Marina del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), Alireza Tangsiri, a quien Israel y Estados Unidos consideraban responsable del cierre del estrecho de Ormuz.
Sin embargo, en el propio Irán se considera que esta estrategia es un error de cálculo. Según los funcionarios iraníes, apostar por la eliminación de los líderes no solo no acercará a Washington y Tel Aviv a sus objetivos, sino que solo refuerza la determinación del país de seguir resistiendo. El hecho de que Teherán mantenga su estabilidad incluso tras la pérdida de figuras clave demuestra que la apuesta por un rápido cambio político resultó errónea.
La raíz de esta estabilidad se encuentra en la propia estructura del poder iraní, un sistema diseñado para hacer frente a crisis y pérdidas. Los mecanismos de transición claramente coordinados y la compleja arquitectura institucional de múltiples niveles le permiten mantener la gobernabilidad incluso en condiciones de ataques dirigidos contra la cúpula del poder.
Reemplazo para cada uno
Tras el asesinato de Alí Larijani, en Teherán dejaron claro que la apuesta por decapitar el sistema no funciona.
El canciller iraní, Abbas Araghchi, declaró abiertamente que la estabilidad del poder no depende de figuras individuales. "Por supuesto, los individuos son influyentes, y cada persona desempeña su papel —algunos mejor, otros peor, otros menos—, pero lo que importa es que el sistema político en Irán es una estructura muy sólida", señaló en una entrevista con Al Jazeera.
Un poder que prevalece por encima de sus líderes
La razón clave del fracaso de la estrategia estadounidense e israelí se encuentra en un nivel más profundo: en la propia doctrina sobre la que se sustenta la Estado iraní.
Se trata del concepto de Velayat-e Faqih —la 'tutela del jurista islámico'—, que históricamente se aplicó para proteger a los sectores vulnerables de la población, pero que en su interpretación moderna se ha convertido en el fundamento de todo el sistema político.
A pesar de los poderes casi ilimitados del líder supremo, el propio sistema prevé de antemano su sustitución.
La Constitución prevé un Consejo de Liderazgo temporal y una sucesión rápida a través de la Asamblea de Expertos si el líder fallece o queda incapacitado. A los pocos días del asesinato de Jameneí, su hijo Mojtaba Jameneí fue nombrado sucesor, y las instituciones clave —incluidos el Consejo de Discernimiento y el Consejo de Guardianes— continuaron funcionando.
"En Irán, al igual que en un número cada vez mayor de Estados, el poder está integrado en sistemas que fusionan ideología, coacción y administración en una única estructura operativa. El liderazgo se sitúa en la cúspide de ese sistema; no lo constituye", opina Erika Lafrennie, exanalista de inteligencia militar estadounidense.

El pilar del sistema
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una estructura creada específicamente para proteger el orden constitucional, desempeña un papel especial en la estabilidad de Irán.
No se trata simplemente de una fuerza militar ni de una institución subordinada al presidente. En esencia, es una sistema de poder paralelo que controla la seguridad interna, la política regional, las redes económicas y los instrumentos de influencia.

Tras el inicio de la guerra y la eliminación de varios comandantes de alto rango, el CGRI pasó a la llamada doctrina de 'defensa mosaica'. Su esencia radica en la descentralización, que permite al escalón de mando medio y las estructuras regionales continuar con el mando y las acciones de combate incluso en caso de que se elimine a la cúpula.
Consolidación en lugar de división
Uno de los cálculos de Washington era aprovechar la ola de disturbios que se extendió por el país a principios de año, con la esperanza de que, tras los ataques, se convirtieran en un catalizador para el cambio de poder.
Sin embargo, el efecto resultó ser justo el contrario, ya que la presión externa no desestabilizó el sistema, sino que unió a la sociedad, convirtiendo la tensión interna en un factor de consolidación ante la amenaza externa.

"En este momento se está produciendo una fuerte consolidación de la sociedad. Incluso aquellos que no estaban de acuerdo con el régimen de la República Islámica de Irán ahora defienden a Irán mismo. Porque entienden que se trata de una cuestión de supervivencia existencial del país, y aquí el descontento económico, los factores políticos y otros problemas que antes movían a los manifestantes pasan completamente a un segundo o tercer plano", declaró a RT Elmira Imamkulieva, directora del laboratorio de investigación sobre el Irán contemporáneo de la Escuela Superior de Economía (Moscú).
"Irán está demostrando que cuenta con mecanismos de transición de poder elaborados de antemano. Y aquí nos encontramos, probablemente, ante una verdadera democracia, si se puede decir así, porque la transición del poder se produce a pesar del papel de la personalidad, que, sin duda, fue grande", añadió, señalando que ahora "el régimen se muestra más estable de lo que esperaban los expertos" antes del inicio de la guerra.
Nadie con quién hablar
A pesar de que continúan los combates, Donald Trump ya ha declarado en varias ocasiones que en Irán se ha producido un cambio de régimen.
"Si se fijan, ya hemos tenido un cambio de régimen, porque el anterior fue diezmado, destruido. Todos murieron. El siguiente régimen también está prácticamente muerto. Y con el tercer régimen, nos enfrentamos a gente muy distinta a la que nadie se ha enfrentado antes", declaró el domingo a los periodistas.
Ya el lunes, el líder estadounidense fue más allá, afirmando que Washington "está en conversaciones serias con un régimen nuevo y más razonable". Sin embargo, en Teherán no se han confirmado estas declaraciones.
En la práctica, la situación parece mucho más complicada. Como señala Imamkulieva, la disposición de nuevas figuras a ocupar los puestos vacantes solo complica la tarea de Estados Unidos: determinar con quién se puede negociar. Muchos de los que antes tenían contactos con Washington han sido eliminados o apartados de la influencia real.
Según la experta, las declaraciones de Trump están dictadas en gran medida por la lógica política interna: "Trump adopta una postura bastante excéntrica. Cambia con bastante frecuencia su discurso y sus valoraciones de lo que ocurre dentro de Irán, según lo que le resulte más ventajoso ante su electorado. Por eso, afirmar que el régimen ha cambiado le resulta, sin duda, beneficioso, y lo seguirá haciendo", concluyó la experta.
Trump quiere el petróleo de Irán mientras Teherán promete represalias cada vez más severas, MINUTO A MINUTO




