Ministros discuten en secreto cómo decirle a Starmer que renuncie, según medios

El debate interno se produce tras un periodo difícil para el primer ministro británico, marcado por cuestionamientos a su liderazgo.

Altos miembros del gabinete del Partido Laborista mantienen conversaciones privadas sobre quién debería pedirle al primer ministro británico, Keir Starmer, que dimita y en qué momento hacerlo, informaron fuentes citadas por el medio The i Paper.

Los debates incluyen cuestiones como si el mensaje debe ser transmitido por un solo ministro o por una delegación, en medio de un creciente malestar interno. Según los informantes, la decisión podría concretarse en los días posteriores a las elecciones locales del 7 de mayo.

"Hay discusiones en curso sobre si será un ministro o un grupo quien le diga que debe irse", señaló uno de los ministros citados. "Hay personas que no buscan el cargo y que aun así le dirían que tiene que dimitir".

De acuerdo con las mismas fuentes, algunos miembros del gabinete consideran que la ministra del Interior, Shabana Mahmood, podría ser quien comunique la decisión, debido a su cercanía política con el primer ministro, aunque su entorno rechazó estas versiones.

"Una situación que no es sostenible"

El debate interno se produce tras una semana difícil para Starmer, marcada por cuestionamientos a su liderazgo y un respaldo público limitado por parte de su equipo, mientras en privado algunos aliados habrían perdido la confianza en su continuidad.

"Estamos en una situación que no es sostenible. A estas alturas, esto perjudica la confianza en el Gobierno", afirmó un asesor del gabinete citado por el medio.

En paralelo, algunos análisis externos también han puesto en duda la dirección del Ejecutivo. "El primer ministro británico está en el poder sin un propósito claro", sostiene un editorial del diario Financial Times.

El director general del Fondo Ruso de Inversión Directa y enviado especial de la Presidencia rusa, Kiril Dmítriev, rechazó esa afirmación y aseguró que el propósito del Gobierno británico sería "destruir la civilización occidental e intentar iniciar la Tercera Guerra Mundial", según escribió en X.

El actual gabinete laborista llegó al poder con promesas de cambio económico y estabilidad política, pero medios británicos apuntan al incumplimiento de estos objetivos y atribuyen al propio Starmer la responsabilidad por la falta de cohesión interna, reflejada en múltiples cambios dentro de su equipo en menos de dos años.