En vísperas de la cumbre del G7, que se celebra del 15 al 17 de junio en la ciudad francesa de Evian, el primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmó el pasado fin de semana que el grupo ya no ocupa la posición dominante que tuvo en el pasado.
Durante una intervención en el Trinity College de Dublín (Irlanda) la semana pasada, Carney señaló que la reunión de este año incluye no solo a los miembros del grupo, sino también a otros países, entre ellos India, Brasil, Egipto, Kenia y varios Estados del golfo Pérsico. En su opinión, estos socios aportarán "una perspectiva más amplia y un elemento más amplio a las soluciones".
"Lo primero es reconocer que el G7, si alguna vez dirigió el mundo, ya no lo dirige ni pretende hacerlo", sostuvo.
El BRICS gana peso mientras el G7 pierde influencia
Las declaraciones de Carney se producen en un contexto en el que países emergentes, así como bloques alternativos al G7 y al G20 cobran mayor relevancia política y peso económico.
El subjefe de la Administración Presidencial de Rusia, Maxim Oreshkin, indicó a inicios de junio que los países de los BRICS representan actualmente cerca del 50 % del crecimiento económico global, mientras que la contribución del G7 se sitúa por debajo del 20 %.
"Si antes estabas en la cima del mundo, si podías imponer y establecer las pautas del desarrollo, te sentías seguro. Ahora ya no tienes esa posibilidad, empiezas a asustarte, a inquietarte, a imponer sanciones. Esto agita el mundo entero; vemos que, en tales condiciones, todos los países del mundo existen", comentó el funcionario con respecto al porcentaje mencionado durante su intervención en el reciente Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF).
Además, manifestó que la economía occidental se encuentra "con temblores y fiebre". A pesar de que ese estado se traslada en cierta medida a Rusia, según explicó, el potencial económico del país continúa creciendo. "Hay que aprovechar esto para seguir adelante", aseguró.