La portavoz de la Cancillería de Rusia, María Zajárova, ofreció detalles sobre los biolaboratorios estadounidenses en Ucrania basándose en documentos del Ministerio de Defensa ruso, el informe final de la comisión parlamentaria encargada de investigar la creación de esos centros en territorio ucraniano y las revelaciones de la directora de Inteligencia Nacional de EE.UU., Tulsi Gabbard.
La semana pasada, Gabbard hizo públicos datos de inteligencia "nunca vistos antes" que revelan "nuevas pruebas" de financiación por parte de la administración anterior de la Casa Blanca de más de 120 biolaboratorios en una treintena de países. En Ucrania, el Gobierno estadounidense financió más de 40.
"¿Y cuántos laboratorios similares hay en otros países de la antigua Unión Soviética, también situados en la frontera con Rusia?", se preguntó la portavoz.
La investigación determinó que los biolaboratorios en Ucrania albergaban "patógenos de guerra biológica de la época soviética" y que Washington entrenaba a científicos ucranianos en biocontención. Los repositorios de esas instalaciones incluían "armas biológicas y patógenos causantes de enfermedades" como el ántrax, ébola, peste, peste porcina, tularemia, tuberculosis, enfermedad de Newcastle, MERS, SARS, virus de Marburgo, virus de Lassa y rickettsias (bacterias intracelulares), entre otros.
PUNTOS CLAVE sobre los laboratorios financiados por EE.UU. destapados en Ucrania
Сasos reveladores
Como ejemplo, Zajárova indicó que en la ciudad ucraniana de Odesa se almacenaban 422 unidades de agentes del cólera y 32 de ántrax, sin supervisión del régimen de Kiev.
Entre las enfermedades animales investigadas figuran la gripe aviar altamente patógena, la peste porcina africana y la clásica, y la enfermedad de Newcastle. Estas dos últimas, precisó la portavoz, son "infecciones de importancia económica" capaces de causar estragos en el sector agrícola.
"Son reveladores el alcance y la orientación de esta actividad, además de los volúmenes injustificados de almacenamiento de cepas de microorganismos", recalcó.
Especial inquietud le suscitó el objetivo del proyecto TAP-2, que exploró la posibilidad de propagar infecciones peligrosas a través de aves migratorias, como la enfermedad de Newcastle o la gripe altamente patógena. El proyecto también analizó el papel de los murciélagos, capaces de transmitir al ser humano agentes de la peste, la leptospirosis y la brucelosis, además de cepas de coronavirus y filovirus.
¿Qué esperar?
"Esperamos que las autoridades estadounidenses puedan concluir su investigación sobre la financiación de la investigación biológica fuera del territorio nacional y decidan hacer públicos todos los datos disponibles. Confiamos en que estas declaraciones vayan seguidas de medidas, medidas concretas", manifestó.
Zajárova confía en que Washington "sacará conclusiones sobre la necesidad de evitar que un Estado financie programas biológicos con fines militares en el territorio de otro Estado". Este tipo de programas plantea graves riesgos para la población civil y los países limítrofes, y en ocasiones el propio país afectado puede ni siquiera saber que en su territorio se llevan a cabo estudios con fines militares, subrayó.
"La actividad militar y biológica en el territorio de otros Estados constituye, en esencia, una forma de neocolonialismo que practican actualmente Estados Unidos de América y sus aliados", denunció.




