La guerra contra Irán impulsa una revolución silenciosa en África

El encarecimiento del combustible está impulsando un giro silencioso hacia la movilidad eléctrica y dando nuevas ventajas estratégicas a China.

Las consecuencias de la guerra entre Estados Unidos e Irán siguen sintiéndose mucho más allá de Oriente Medio y empiezan a tomar formas cada vez más inesperadas. El fuerte encarecimiento del petróleo, provocado por el prolongado bloqueo del estrecho de Ormuz, está obligando a muchos países a replantearse hábitos y prioridades económicas.

Como resultado, el alza del precio de la gasolina está empujando a cada vez más personas a mirar con mayor atención a los vehículos eléctricos. Y en este sector, China —líder indiscutible— obtiene nuevas ventajas y consolida aún más su posición.

África dispara la demanda

El crecimiento de la demanda de vehículos eléctricos en África resulta especialmente revelador. Según Financial Times, el aumento de pedidos de motocicletas y autobuses eléctricos ensamblados en distintos países africanos con componentes chinos ha coincidido con una recaudación récord de fondos por parte de 'start-ups' dedicadas al despliegue de infraestructura de vehículos eléctricos, con inversiones cercanas a los 300 millones de dólares desde mayo.

Spiro, empresa de motocicletas eléctricas e intercambio de baterías con sede en Dubái y la mayor presencia operativa en África, anunciará este lunes una nueva ronda de financiación de 55 millones de dólares por parte de New Trails Capital.

La clave está en el ahorro

La razón principal de este auge es puramente económica. A nivel micro, en África —donde los mototaxis y los triciclos tipo 'tuk-tuk' forman parte esencial de la movilidad diaria— el impacto del cierre de Ormuz ha hecho que la ecuación económica cambie drásticamente. 

Los costes diarios promedio de gasolina para un mototaxi han aumentado más de un 20 %, pasando de 4,20 a 5,10 dólares tras la guerra. "Con electricidad se puede recorrer la misma distancia por 2,30 dólares", explicó Brian Njao, responsable de financiación para movilidad eléctrica de M-Kopa, una plataforma 'fintech' con sede en Londres que opera en África. Según él, la lista de espera para financiar motocicletas eléctricas es tan larga que la compañía ha dejado de aceptar nuevos depósitos.

Según Financial Times, durante mucho tiempo se asumió que la electrificación del transporte en África seguiría el viejo patrón de importar vehículos usados desde Europa y Asia. Sin embargo, la dinámica está cambiando: los automóviles eléctricos chinos y las motocicletas ensambladas en África con piezas procedentes de China ya salen al mercado a precios competitivos. Esto facilita al continente dar un salto tecnológico más rápido.

Un cambio más amplio

La tendencia también refleja un fenómeno de mayor escala. Cada vez más países del continente buscan reducir su dependencia del petróleo procedente del golfo Pérsico y aliviar la enorme carga financiera derivada de los combustibles fósiles.

En este contexto, Kenia planea eliminar los aranceles de importación para vehículos eléctricos. Etiopía, que genera más del 90 % de su electricidad a partir de energía hidroeléctrica, prohibió en 2024 la importación de vehículos con motor de combustión interna. Ruanda adoptó una medida similar, lo que impulsó un aumento del 28 % en las ventas de coches eléctricos.

La tendencia se extiende por todo el continente: las ventas de automóviles eléctricos pasaron de unas 4.000 unidades en 2023 a alrededor de 25.000 en 2025. Y el fabricante chino BYD representó el 35 % de todos los vehículos eléctricos vendidos en África ese año.

Al mismo tiempo, esto también está dando un impulso potencial a la producción local. Según FT, Spiro —presente ya en siete países africanos, donde ensambla sus propios vehículos— planea una expansión agresiva hacia nuevos mercados gracias al capital recaudado. Solo el mes pasado la compañía vendió 10.000 motocicletas eléctricas en África y aspira a alcanzar un millón de ventas en 2027