Este martes comenzará en la capital turca, Ankara, una nueva cumbre de líderes de los países de la OTAN.
Las relaciones entre Estados Unidos y los miembros europeos de la Alianza atraviesan una prueba de resistencia en medio del descontento de Donald Trump por la insuficiente contribución de los aliados del continente y su negativa a ayudar en el conflicto con Irán.
El líder estadounidense incluso no quería asistir a la reunión de líderes debido a "la mayoría de la gente", aunque en el último momento anunció que había decidido acudir por respeto al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
En este contexto, la Casa Blanca informó que el mandatario espera mantener "conversaciones constructivas y francas con numerosos líderes mundiales", mientras que los europeos, al parecer, aspiran a que la reunión transcurra de la forma más aburrida posible y sin sorpresas.
La fractura transatlántica
Trump llega a la nueva cumbre descontento con sus aliados europeos, incluso con los más leales. En los últimos meses protagonizó un enfrentamiento con el canciller alemán, Friedrich Merz, quien lanzó una ola de críticas contra la guerra en Irán. Posteriormente, Washington anunció la retirada de 5.000 militares estadounidenses de Alemania.
En junio, el jefe de Estado también mantuvo un cruce verbal con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, al afirmar que ella era "una gran admiradora suya", pero que no ayudó a EE.UU. a desbloquear el estrecho de Ormuz. Además, aseguró que durante la cumbre del G7 ella "le suplicó una foto". En respuesta, Meloni declaró que las palabras de Trump "son completamente inventadas". "Italia y yo no suplicamos", añadió.
Las críticas contra la Alianza tampoco cesaron. Trump calificó a los aliados europeos de "cobardes" por no atender su llamado a desplegar medios navales en el estrecho de Ormuz, y manifestó que, sin la participación de su país, la OTAN es un "tigre de papel".
En este contexto, The Wall Street Journal, citando fuentes, informó que los europeos han comenzado a acelerar el proceso de "desamericanización", eliminando discretamente tecnologías estadounidenses de sus sistemas, mientras que la Administración Trump volvió a exigir a sus aliados, en vísperas de la cumbre, un mayor esfuerzo financiero dentro del bloque militar.
Con la esperanza de una cumbre aburrida
En este contexto, Foreign Policy señala que los europeos esperan que la próxima cumbre sea aburrida y predecible.
Una opinión similar expresó en declaraciones a RT Maxim Gabrielián, analista del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Moscú. El experto indicó que, si el año pasado hubo un intento de acercamiento a la Administración Trump, ahora las contradicciones entre ambas partes son mucho mayores debido al conflicto con Irán.
"Lo más probable es que no haya grandes sorpresas. Estados Unidos seguirá tratando a los europeos como peones y representantes prescindibles. Los europeos volverán a mostrar una completa falta de respeto por sí mismos y de dignidad frente a Estados Unidos y Trump", afirmó por su parte Greg Simons, politólogo sueco y profesor de la Universidad Internacional Daffodil (Bangladés), a RT.
Ucrania, un punto muerto entre los líderes
Uno de los principales desacuerdos que podría provocar el descontento de Trump es la cuestión del futuro apoyo a Ucrania. Según Bloomberg, los líderes de los países han llegado a un punto muerto al intentar elaborar una declaración conjunta sobre el respaldo al régimen de Kiev.
En este contexto, el columnista de The Telegraph, Owen Matthews, señala que Vladímir Zelenski no participará en la sesión principal de la cumbre y tampoco pronunciará, como en años anteriores, un "enérgico discurso" ante los líderes de la OTAN. El periodista expone que esta decisión fue tomada "por temor a disgustar a Trump".
"Es poco probable que la posición de Trump difiera de manera sustancial de la que ya mantenía anteriormente. Por eso, realmente me parece que Europa no alberga grandes ilusiones respecto a la próxima cumbre ni sobre su agenda", explicó Gabrielián, recordando que Estados Unidos ha reducido al mínimo el suministro de armas a Ucrania.
También recordó que en Europa hay numerosos líderes que no desean estar en la "vanguardia" del conflicto ucraniano y que Kiev afronta dificultades para integrarse en el espacio europeo en medio de nuevos conflictos con Polonia y Hungría.
Pese a ello, Simons considera que los europeos intentarán convencer al presidente estadounidense para que vuelva a ayudar a Kiev. "Una posible sorpresa, aunque parcial, es la disminución del apoyo a Ucrania, como ocurre en Polonia tras su enfrentamiento con el régimen de Zelenski. Se pronunciarán muchas palabras grandilocuentes y elocuentes, pero es poco probable que vayan acompañadas de acciones tangibles y decisivas. Todo esto no es más que una fachada y un ejercicio para presentar a la OTAN como una alianza que sigue estando unida, fuerte y siendo relevante en los asuntos mundiales", concluyó el experto.