La peligrosa lógica de la OTAN 3.0

Dmitri Trenin, presidente del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia (CRAI), señala que, la idea europea de que la Alianza militar puede derrotar a Rusia podría llevar al bloque a su propio fin.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte está entrando en su tercera etapa. Cuando se fundó hace tres cuartos de siglo, su objetivo era contener la expansión del comunismo y hacer frente al poderío militar de la Unión Soviética. En otras palabras, mantener a Europa Occidental capitalista y bajo el control de Estados Unidos. A pesar de las acusaciones de la propaganda soviética de la época, la OTAN era una alianza defensiva, no agresiva. A lo largo de todas las crisis del período de la Guerra Fría, se mantuvo firme.

Cuando terminó la Guerra Fría y la Unión Soviética se desintegró, la OTAN obtuvo una victoria que no se había ganado. El bloque militar liderado por EE.UU. se negó a disolverse una vez cumplida su misión original. En su lugar, trató de convertirse en el único regulador de la seguridad en Europa. Pasó a la ofensiva y libró una guerra contra Serbia. Salió "fuera de su zona" para luchar en Afganistán. Se embarcó en una oleada de ampliaciones para incluir a los antiguos países satélites soviéticos de Europa del Este y a algunas exrepúblicas de la propia URSS.

Sin embargo, fracasó miserablemente a la hora de gestionar las relaciones con su antiguo adversario, Rusia. Desestimó la solicitud de adhesión de Moscú y propuso en su lugar una asociación que resultó ser, en esencia, vacía de contenido. Ignoró los intereses de seguridad de Rusia al negarse a detener su expansión hasta la frontera rusa y al rechazar las propuestas de Moscú para un orden de seguridad paneuropeo. La cuestión de la adhesión de Ucrania a la OTAN, que el Kremlin percibió como una amenaza intolerable para su seguridad nacional, se convirtió en la causa principal de la guerra de Ucrania, que ya cumple su quinto año.

Esta guerra en curso ha dado una nueva oportunidad a la OTAN. Rusia se ha convertido una vez más en el enemigo, y la alianza occidental es ahora mucho más fuerte y está mejor posicionada para enfrentarse a ella. Con Ucrania de su lado, la OTAN puede utilizar su Ejército para atacar físicamente a Rusia. El objetivo de EE.UU. y Europa en esa guerra, tal y como se proclamó públicamente desde el principio, ha sido infligir una "derrota estratégica a Rusia". Lo que durante la Guerra Fría se consideraba imposible ha pasado a formar parte de lo concebible en la guerra proxy de Occidente contra Rusia.

Desde 2025, las políticas del presidente estadounidense Donald Trump han puesto en marcha un proceso de transformación interna de la OTAN. La Estrategia de Defensa Nacional de EE.UU. atribuye claramente a Europa la responsabilidad de "gestionar" la relación con Rusia. Así, a medida que Washington revisa sus prioridades estratégicas globales, se está exigiendo a los miembros europeos de la alianza que asuman una mayor carga financiera y militar. En el contexto de la guerra en curso, esto supone una implicación mucho mayor en el conflicto. Las élites europeas, que durante mucho tiempo se mostraron reacias a aumentar el gasto en defensa y temían verse arrastradas a guerras, han cambiado de opinión y han acogido con entusiasmo las nuevas responsabilidades y riesgos como una oportunidad.

Hay razones para ese cambio. Actualmente se considera que la militarización es un motor para realzar las rezagadas economías de la UE. Una Europa militarmente más fuerte gozaría de mayor autonomía estratégica en un mundo en el que Estados Unidos está reduciendo sus compromisos con sus aliados. Añadir una dimensión militar a la UE podría consolidar la Unión ante los numerosos y crecientes retos a los que se enfrenta. Políticamente, el rearme y la movilización ante el "enemigo a las puertas" facilitan a las élites gobernantes tachar a sus oponentes de "títeres del Kremlin" y, de este modo, proteger su control del poder. En términos ideológicos, la lucha contra Rusia (por ahora, a través de Ucrania) se ha convertido en una nueva idea unificadora para Europa.

Para Rusia, esta OTAN 3.0 significa, sobre todo, que, por primera vez desde la derrota de la Alemania nazi y sus aliados en 1945, Europa vuelve a convertirse en un enemigo claro e inmediato de Rusia. La gente en Moscú no se hace ilusiones sobre la actitud hostil de Estados Unidos hacia Rusia, pero ahora Washington se limita a dar consejos no pedidos en lo que respecta al conflicto con Rusia. Mientras que en la época de la Guerra Fría la OTAN se presentaba a los rusos como "Estados Unidos en Europa", ahora, cuando miran a la OTAN, ven a Europa respaldada por Estados Unidos.

Lo que es aún más importante es que la OTAN 3.0 se encuentra claramente a la ofensiva, con objetivos muy concretos. La estrategia de las élites europeas hacia Rusia ya no es la disuasión, como en los tiempos de la Guerra Fría; el objetivo es la destrucción de Rusia como gran potencia. En eso consiste precisamente la "derrota estratégica". Los europeos sueñan con eliminar a Rusia como factor relevante en la geopolítica de Eurasia: para ellos, esto significaría la "solución final" al tan temido "problema ruso".

Los políticos y los medios de comunicación europeos, que llevaban mucho tiempo enojados a raíz de los avances de Rusia en el campo de batalla de Ucrania, se muestran ahora triunfantes, con la esperanza de que los drones de largo alcance que han ayudado a Ucrania a fabricar y lanzar contra sus objetivos en toda Rusia sean el arma milagrosa de esta guerra. Pretenden reforzar su poderío proporcionando a Kiev, de forma similar, misiles de crucero de largo alcance y, posteriormente, misiles balísticos. Se espera que estas armas sellen el destino de Rusia de una vez por todas.

Sin embargo, esto no sucederá. El error fundamental del pensamiento europeo es su creencia de que Rusia preferiría aceptar la derrota, la degradación y la desintegración antes que utilizar el arsenal del que dispone actualmente. Este arsenal no se limita a las armas nucleares, aunque puede llegar un momento en el que haya que recurrir a ellas. Hasta ahora, el Kremlin se ha mostrado extremadamente moderado a la hora de utilizar sus capacidades convencionales más potentes o de atacar objetivos de gran valor y alta visibilidad. Hay muchas explicaciones para tal moderación, pero es insensato —de hecho, fatal— creer que los dirigentes rusos o el pueblo ruso se rendirán ante la OTAN.

El enorme déficit de cultura estratégica moderna de los líderes europeos de la OTAN —algo que no sorprende tras ocho décadas de haber delegado su seguridad a Estados Unidos— y su ciega rusofobia, fruto de un racismo europeo arraigado y de los rencores, reales o percibidos, contra Rusia acumulados a lo largo de los últimos cinco siglos, han puesto a Europa en una trayectoria de colisión directa con Rusia. La OTAN 3.0 significa guerra. Si realmente se llegara a eso, la OTAN dejaría de existir.

Por Dmitri Trenininvestigador principal del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de Rusia (IMEMO RAN) y presidente del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia (CRAI).