Netanyahu apuesta por el "caos controlado" para asegurar su supervivencia política

Israel intenta impedir que Estados Unidos se desvincule definitivamente del conflicto con Irán, mientras Benjamín Netanyahu apuesta por una estrategia de caos controlado como fórmula para preservar su poder, opina el analista Serguéi Lébedev.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, es el principal beneficiario de la escalada en Oriente Medio, como ya se ha escrito en numerosas ocasiones. En este momento, su objetivo clave es impedir que Estados Unidos se retire definitivamente del conflicto con Irán, algo que pretende lograr apelando a los complejos personales de Trump.

El Estado hebreo se ha convertido, en esencia, en rehén de las ambiciones de poder de su primer ministro, quien entiende que permanecerá al frente del Gobierno exactamente mientras continúe la guerra en la región. Precisamente por eso han cobrado bastante popularidad en Internet las teorías conspirativas según las cuales él mismo contribuyó de una u otra forma al ataque de Hamás en 2023, una tesis que parece sumamente dudosa. Sin embargo, la realidad es que la guerra se ha convertido para Netanyahu en el instrumento perfecto para consolidar al electorado conservador de derecha.

Al mismo tiempo, como político verdaderamente inteligente, seguramente comprende que no podrá rediseñar el mapa de Oriente Medio a su antojo: los recursos de Israel, a pesar de su superioridad tecnológica sobre sus vecinos, simplemente no bastan para ello. Precisamente por eso, la estrategia óptima de supervivencia política para Netanyahu consiste en lo que hoy suele denominarse "caos controlado", mediante el mantenimiento de un nivel suficiente de conflictividad en la región. El viejo y conocido 'divide et impera'.

En la práctica, esto significa que Netanyahu necesita que su principal adversario regional, Irán, se convierta en un llamado 'Estado fallido'. En otras palabras, necesita crear un vacío de poder tan profundo en Teherán que el país termine dividido en facciones enfrentadas entre sí.

Precisamente por eso Israel intenta mantener a Estados Unidos en estado de guerra con Irán. El estilo expresivo del pensamiento político de Donald Trump, que percibe la política a través del prisma de las narrativas mediáticas y las imágenes llamativas, solo favorece al primer ministro israelí en este sentido. Todo indica que la información sobre la supuesta preparación de un atentado contra el presidente de Estados Unidos no fue proporcionada por casualidad, precisamente, por los servicios de inteligencia de Tel Aviv. También resulta interesante que se tratara más bien de conversaciones vagas y abstractas que de la planificación de una conspiración real.

Sin duda, la sociedad iraní odia a Trump, y los militares y políticos iraníes discuten regularmente cómo podría ser eliminado. Sin embargo, entre las conversaciones de cocina (aunque se trate de las cocinas de la élite política) y los planes reales existe un enorme abismo. Pero Trump es una persona extremadamente impresionable.

Un buen ejemplo de la aplicación del "caos controlado" es el Líbano actual, que se mantiene constantemente al borde de una guerra civil. Los partidarios del partido gobernante en Israel discuten abiertamente en los medios de comunicación que un enfrentamiento directo entre el Gobierno libanés y Hezbolá redundaría en beneficio de Tel Aviv y que precisamente ese conflicto constituía el objetivo original de Israel.

Sin embargo, lo que es bueno para el Gobierno de Netanyahu no necesariamente es bueno para Israel ni, mucho menos, para Estados Unidos, y los círculos político-militares estadounidenses parecen ser bastante conscientes de ello.

En una entrevista reciente, el vicepresidente J.D. Vance afirmó que convertir a Irán en una "Libia persa" no responde a los intereses de Estados Unidos. La desestabilización política de cualquier Estado musulmán implicaría automáticamente la aparición de un terreno extremadamente fértil para grupos terroristas que amenazarían al resto del mundo, sin establecer una diferencia significativa entre Estados Unidos, Israel, Rusia, China o cualquier otro actor.

Precisamente por eso, el caos controlado generado por el Gobierno de Netanyahu sirve exclusivamente a los intereses de Netanyahu, pero en modo alguno a los de la sociedad israelí ni, mucho menos, a los de las demás partes.

Por cierto, a Donald Trump tampoco le conviene personalmente mantener la participación de Estados Unidos en el conflicto de Oriente Medio: las últimas encuestas sociológicas muestran que su índice de aprobación cae cuando se viola el alto el fuego y aumenta cuando la situación comienza a volver a una senda pacífica.

Por desgracia, la sociología electoral no es el único ni el principal factor que impulsa al presidente estadounidense. Trump y su equipo se encuentran constantemente en busca de acontecimientos noticiosos impactantes que lo presenten bajo la mejor luz posible, resaltando su influencia y su capacidad de previsión. Netanyahu, sin duda, hace tiempo que comprendió cómo funciona ese sencillo mundo interior y sabe qué botones hay que pulsar.

Por Serguéi Lébedev, investigador del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía