La escalada entre Estados Unidos e Irán y la reanudación del intercambio de ataques vuelven a plantear una pregunta clave: ¿qué cartas le quedan todavía a Teherán si el conflicto deriva en una guerra abierta?
La República Islámica aún dispone de herramientas que no empleó durante el anterior ciclo de enfrentamientos y que podrían ampliar el conflicto mucho más allá del campo de batalla, golpeando el comercio mundial, las comunicaciones y la infraestructura energética de Oriente Medio.
El cierre simultáneo de dos estrechos estratégicos
Además de reanudar el bloqueo del estrecho de Ormuz, una eventual expansión del conflicto podría provocar también el cierre del estrecho de Bab el Mandeb, otro corredor marítimo fundamental para el comercio mundial de hidrocarburos.
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Este jueves, Reuters informó, citando a tres fuentes, que Teherán instó al movimiento hutí de Yemen a prepararse para bloquear ese paso marítimo si Estados Unidos ataca la infraestructura energética iraní.
La medida podría tener consecuencias de gran alcance. Desde el cierre del estrecho de Ormuz, el mar Rojo se ha convertido en la principal ruta alternativa para las exportaciones de crudo procedentes del golfo Pérsico y por él transita cerca del 12 % del suministro energético mundial.
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Un eventual ataque hutí contra buques o puertos en la zona podría agravar enormemente la crisis energética global, afectando simultáneamente las dos rutas clave de exportación de petróleo de Oriente Medio, en un contexto de creciente tensión tras el colapso del débil alto el fuego de junio entre Teherán y Washington.
Este lunes, el movimiento hutí de Yemen anunció el fin de la frágil tregua con Arabia Saudita, vigente desde 2022, tras un bombardeo saudita contra el aeropuerto de Saná, la capital yemení.
Guerra de minas en el mar
Más allá del bloqueo de los estrechos, Irán dispone de decenas de tipos de minas navales, trampas explosivas y minas controladas a distancia que pueden desplegarse rápidamente a lo largo de rutas marítimas estratégicas. Entre ellas figuran minas de fondeo, minas a la deriva y minas lapa equipadas con sistemas magnéticos, explica Vali Kaleji, experto en estudios regionales de Asia Central y el Cáucaso afincado en Teherán.
"El estrecho de Ormuz tiene unos 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho y la profundidad del agua a lo largo de las principales rutas de navegación suele oscilar entre los 30 y los 60 metros. Esa profundidad es ideal para el empleo de minas navales, ya que pueden desplegarse con relativa facilidad, mientras que su detección y desactivación siguen siendo operaciones complejas y muy laboriosas", afirma.
El especialista subraya que Teherán aún no ha recurrido a todo su potencial en materia de guerra de minas.
Para saber más sobre por qué el estrecho de Ormuz es importante para Irán y para todo el mundo, pulse AQUÍ.
Cables submarinos: otro punto vulnerable
En mayo, en medio de las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump, desde Irán advirtieron de la posibilidad de imponer tarifas por el uso de los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan el estrecho de Ormuz. Estas infraestructuras conectan la región con la red digital mundial y canalizan una parte significativa de las transacciones financieras internacionales.
La idea de utilizar es estructura como herramienta de presión se planteó por primera vez en una publicación de la agencia iraní Tasnim, que propuso "tres pasos prácticos": cobrar derechos de licencia a las empresas extranjeras por el uso de los cables; obligar a gigantes tecnológicos, como Meta*, Google, Amazon y Microsoft, a operar según las leyes de Irán; y monopolizar la reparación y el mantenimiento de esa infraestructura.
Aunque Irán no amenace abiertamente con atacar los cables submarinos, cuenta con los medios para hacerlo —buzos de combate, drones subacuáticos y pequeños sumergibles—, asevera Alan Mauldin, director de investigación de TeleGeography. Añade que cualquier ataque podría desencadenar una "catástrofe digital" en cadena que afectaría a varios continentes.
La conexión a Internet y los sistemas bancarios de los países del golfo Pérsico podrían verse amenazados. Mauldin señala que el estrecho de Ormuz es un corredor digital clave entre centros de datos asiáticos, como Singapur, y algunas estaciones de aterrizaje de cables en Europa. Además, cualquier interrupción podría ralentizar las operaciones financieras y las transacciones transfronterizas entre Europa y Asia, mientras que algunas zonas de África oriental sufrirían cortes de Internet. El daño podría ser mucho mayor si los hutíes tomaran una medida similar y atacaran otros cables en el mar Rojo.
Represalias contra la infraestructura energética
Vali Kaleji considera que si Donald Trump cumple su amenaza de atacar la infraestructura energética iraní, Teherán respondería probablemente con medidas similares. Sin embargo, alerta que un ataque contra las plantas desalinizadoras de la región podría tener consecuencias incluso más graves.
"Mientras que Irán obtiene mediante desalinización alrededor del 3 % de su suministro de agua, Israel recibe el 80 % de su agua potable de solo cinco plantas desalinizadoras. Del mismo modo, Baréin depende de cuatro instalaciones para cubrir el 60 % de su abastecimiento de agua potable, y Emiratos Árabes Unidos obtiene gran parte de sus recursos hídricos de cinco grandes plantas, incluida la de Jebel Ali", explica.
A juicio del experto, esa diferencia convierte las instalaciones de desalinización en objetivos especialmente sensibles en caso de una escalada del conflicto.
"Si las amenazas de Donald Trump contra la infraestructura energética y las centrales eléctricas iraníes llegan a materializarse, especialmente a gran escala, es probable que las Fuerzas Armadas iraníes respondan con operaciones de gran envergadura dirigidas contra infraestructuras energéticas, centrales eléctricas y plantas desalinizadoras en Israel y en los Estados árabes que albergan bases militares estadounidenses", concluye.