"Aunque existían ciertos tabúes en torno a la infraestructura civil, ya no son relevantes"

"A la hora de planificar la seguridad de las infraestructuras civiles, ya no hay que partir de la suposición de que las partes beligerantes reconocen que su voladura es inaceptable", asegura Anastasia Lijachiova, decana de la Facultad de Economía y Política Mundial de la Universidad Nacional de Investigación 'Escuela Superior de Economía' de Rusia.

Nunca antes ha habido en el mundo tantos elementos de infraestructura civil y redes de infraestructura en todos los ámbitos, desde el agua y la tierra hasta el espacio informativo. Solo si hablamos de presas grandes, según la clasificación oficial de la Comisión Internacional de Grandes Presas, hay 58.000 en todo el mundo; centros de datos, más de 12.000; y reactores nucleares, más de 400.

El mundo nunca había sido tan transparente y visible a través de los satélites y los sistemas de gestión de datos. Los últimos 15 años han transcurrido bajo el lema de la interconexión, aquella misma 'connectivity' de la que tanto se habla. El principal objeto de deseo en materia de infraestructuras era la palabra 'hub', un concepto que atraía a todos: desde inversores y alcaldes hasta especialistas en logística y turistas.

No es de extrañar que todo ello se convirtiera en el objetivo número uno en condiciones de conflictos armados. Y si bien la práctica de eliminación de las figuras dirigentes, tal y como ocurrió en Gaza, el Líbano e Irán, en cierto modo "ha perdido valor" ante la existencia de un sistema de relevo de personal, el daño a la infraestructura civil, de momento, por decirlo de forma cínica, no ha mostrado hasta ahora signos de ineficacia, salvo los riesgos de daños colaterales.

Nuevos medios de guerra

En las últimas semanas se ha intensificado drásticamente el foco en los ataques contra instalaciones de infraestructura civil crítica. Las voladuras de presas en la provincia rusa de Bélgorod y de canales de agua en Irán, de centrales eléctricas que abastecen a las plantas desalinizadoras de Kuwait, los bombardeos de la central nuclear de Zaporozhie y de la provincia iraní de Juzestán, los ataques contra puentes cerca de Bandar Abbas y contra centros de datos en Baréin, ya no son casos aislados, sino una nueva táctica prioritaria en los conflictos armados en distintas partes del mundo. Una táctica de doble filo.

Sin duda, la revolución de los drones contribuye al agravamiento drástico de este problema. Pero un dron es una herramienta para reducir los costes de infligir daños y una forma alternativa de eludir los sistemas de defensa aérea. El cambio principal, sin embargo, radica en otra cosa: en el abandono de los tabúes. (Por cierto, los últimos ataques contra puentes y centrales nucleares en Irán se han llevado a cabo con misiles. Otros escenarios requieren otras herramientas).

Aunque existían ciertos tabúes en torno a la infraestructura civil, ya no son relevantes. Al menos, a la hora de planificar la seguridad de las infraestructuras civiles, ya no hay que partir de la suposición de que las partes beligerantes reconocen que su voladura es inaceptable.

Las referencias a los crímenes de guerra y a las violaciones del derecho humanitario parecen un intento de ponerle nombre, de alguna manera, a lo que está ocurriendo. Pero no ayudan mucho a aclarar qué hacer más adelante.

¿Será mejor el mundo sin tabúes? Es poco probable, como demuestra la experiencia de cualquier guerra. Es más, a medida que se desarrollan los últimos acontecimientos y se perfeccionan los nuevos medios de guerra, se hace cada vez más evidente: el antiguo debate sobre que la Tercera Guerra Mundial no se parecerá a la Segunda, y que en ella no habrá frentes de varios kilómetros ni columnas de equipo militar, está cobrando una forma concreta. Probablemente, se tratará precisamente de una guerra de sabotaje y destrucción de infraestructuras. Y esto podría plantear de una forma nueva una de las cuestiones más importantes de la política mundial: la cuestión del territorio. Ya que las propias guerras dejarán de ser guerras por el territorio y se reducirán a guerras por las infraestructuras.

Una perspectiva sin tabúes

A pesar de la perspectiva bastante intimidante del nuevo enfoque, ya se vislumbran hoy en día ciertos cambios a medio plazo.

En primer lugar, se trata de respuestas probablemente más severas y asimétricas ante ataques a infraestructuras. Esto ya se está observando y no hará más que aumentar. Todavía no se han establecido equivalentes para los daños en las infraestructuras, y es muy posible que la respuesta a un "ojo" de ingeniería hidráulica sea un "ojo" ferroviario.

En segundo lugar, se trata de una revisión de la lógica del debate sobre las armas de destrucción masiva. Porque los ataques contra centrales nucleares y fuentes de agua dulce de las que no hay alternativa son armas de destrucción masiva exactamente iguales que el gas tóxico, un frasco con una futura epidemia o las armas nucleares. Teniendo en cuenta el debate sobre las armas de destrucción masiva envejecido por décadas, aquí no se vislumbran perspectivas inmediatas de negociación, pero, tarde o temprano, esta infraestructura de vital importancia deberá integrarse en un nuevo marco. Sería mejor que fuera temprano.

En tercer lugar, se trata de un nuevo tratado internacional sobre infraestructuras críticas. Hoy en día, esto suena como un llamamiento a las conferencias de La Haya de finales del siglo XIX, cuando las grandes potencias ya se preparaban a toda máquina para la Gran Guerra. Entonces no sirvió de nada, pero más tarde sí que resultó útil. Y contribuyó al sueño de que la humanidad, bajo el efecto de grandes convulsiones, mejora. Y, de hecho, (mejoró) por poco tiempo.

Parece que hoy en día ya no queda ninguna infraestructura civil respecto a la cual las preocupaciones puedan considerarse un alarmismo excesivo, ya se trate de una escuela, una red de abastecimiento de agua o un cable de Internet. Esto está hundiendo la economía de muchos proyectos existentes y de perspectiva. Al mismo tiempo, está creando mercados muy potentes para soluciones de defensa civil de nuevo tipo.

Pero al intentar tomar un poco de distancia respecto a cada presa o central nuclear en particular y observar el panorama en su conjunto, parece que, sin un tratado internacional fundamentalmente nuevo —en el sentido más amplio de la palabra—, no será posible garantizar la seguridad total mediante la suma de la seguridad de las infraestructuras separadas: hay demasiadas de ellas y ahora resulta demasiado fácil causarles daños, incluso de carácter crítico. Por eso, habrá que volver a aprender a llegar a acuerdos y a construir sistemas complejos.

Por Anastasia Lijachiova, decana de la Facultad de Economía y Política Mundial de la Universidad Nacional de Investigación 'Escuela Superior de Economía' de Rusia.