La rivalidad entre China y Japón ya no se limita a islas en disputa o a la memoria histórica, sino que ha evolucionado hacia una lucha por la narrativa global, en la que Pekín intensifica su retórica contra el "nuevo militarismo" de Tokio, reporta SCMP con referencia al analista Shen Yi, de la Universidad de Fudan. En marcado contraste, Japón rechaza esa etiqueta como "falsa" y se presenta a sí mismo como un defensor de la seguridad regional y una víctima de "coerción".
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Postura de China
Shen Yi, director ejecutivo del Centro de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Fudan, señaló que China busca contrarrestar una narrativa global que ha minimizado las atrocidades del fascismo japonés.
"China enfrenta una narrativa global profundamente distorsionada que ha ocultado en gran medida las atrocidades fascistas cometidas por Japón contra China y otras naciones durante la Segunda Guerra Mundial, y que nunca han sido plenamente examinadas a nivel internacional", declaró Shen.
El analista afirmó que la brecha en la memoria colectiva ha proporcionado "terreno fértil" para el resurgimiento del militarismo. Según él, Pekín debe ampliar la investigación histórica y la comunicación global mediante películas, literatura y divulgación académica, así como el uso de inteligencia artificial para presentar hechos históricos.
Según Shen, el enfoque chino busca salvaguardar el orden internacional posterior a la guerra, basado en la Declaración de El Cairo de 1943 y la Proclamación de Potsdam de 1945, lo que implica la eliminación total del militarismo japonés, la delimitación territorial de su soberanía y la preservación de su orden constitucional pacifista.
Además, sostuvo que Tokio ha pasado décadas disminuyendo la conciencia global sobre sus atrocidades para separar su identidad moderna de su pasado agresor.
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Postura de Japón
El ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, rechazó las acusaciones chinas sobre el nuevo militarismo nipón en el Diálogo de Shangri-La en mayo, calificándolas como "nada más lejos de la verdad".
Koizumi sostuvo que "es perfectamente natural que cada país actualice sus capacidades de defensa para enfrentar nuevos desafíos". Tokio ha argumentado que el arsenal de Pekín y sus acumulaciones militares "opacas" deberían preocupar a la comunidad internacional.
En julio, Koizumi ofreció romper el tabú sobre discutir armas nucleares, lo que fue visto como un paso para desmantelar los Tres Principios No Nucleares de Japón.
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Perspectiva de analistas japoneses
El profesor Masahiro Matsumura, de la Universidad de San Andrés en Osaka, escribió que Japón debe diseñar una estrategia que neutralice esta retórica. "Verse arrastrado a un debate agotador y asimétrico sobre agravios pasados es una apuesta perdedora", afirmó.
Matsumura sostuvo que Tokio debe tranquilizar a sus vecinos mediante una diplomacia de defensa transparente, para que Pekín no pueda usar "los fantasmas del siglo XX" para abrir una brecha entre Japón y sus aliados y vecinos asiáticos.
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Percepción regional
Una encuesta del Instituto ISEAS-Yusof Ishak reveló que Japón mantiene su posición como la potencia más confiable en el Sudeste Asiático, con un 65,6 % de confianza, frente al 39,8 % de China.
No obstante, la confianza en Pekín superó a la desconfianza por primera vez desde 2019. Shen Yi señaló que los países de la región priorizan sus intereses inmediatos, por lo que China debería hacer de la oposición al militarismo japonés una agenda de seguridad regional compartida.
Neutralidad de la Asean
El analista Ge Hongliang, vicerrector de la Universidad de Guangxi para las Nacionalidades, explicó que el silencio del Sudeste Asiático refleja su compromiso con la "centralidad de la Asean" para no tomar partido en disputas entre grandes potencias.
Ge señaló que esta posición tiene raíces históricas: países como Myanmar estuvieron bajo dominio colonial antes de la invasión japonesa, lo que llevó a algunos movimientos a ver a las fuerzas japonesas como un medio para expulsar a los europeos, aunque el ejército japonés cometió abusos generalizados.
La dinámica cambió cuando Tokio lanzó la 'Doctrina Fukuda' en 1977, comprometiéndose a no ser una potencia militar. Décadas de diplomacia económica neutralizaron el sentimiento antijaponés y reconstruyeron la confianza regional.
No obstante, Ge advirtió que la neutralidad no debe confundirse con indiferencia. El diálogo de Tokio sobre la opción nuclear entra en conflicto con la zona libre de armas nucleares de la Asean, firmada en 1995.
Ge concluyó que si el nuevo militarismo de Japón cruza una línea que desestabilice el equilibrio regional o amenace los intereses de seguridad del Sudeste Asiático, la neutralidad de la Asean empezará a resquebrajarse inevitablemente.
Tensión creciente entre Tokio y Pekín
Con la llegada al poder el año pasado de Sanae Takaichi, la retórica antichina de Japón se ha agudizado. Las declaraciones sobre Taiwán son las que más preocupan a Pekín: la primera ministra afirmó en el Parlamento que el futuro de la isla autónoma china representa una situación que "amenaza la supervivencia" de Japón, renunciando a la cautela diplomática previa. China exigió que se retractara, pero Takaichi se negó a hacerlo. Además, defendió que la región del Indo-Pacífico debe regirse por "normas y principios comunes", una expresión que Pekín interpreta como una crítica velada.
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El endurecimiento del discurso va acompañado de una transformación sin precedentes de la política de defensa. En la última década, Japón ha aumentado sistemáticamente su gasto militar: en 2025 superó los 62.000 millones de dólares (casi un 15 % más que en 2024) y podría alcanzar los 66.500 millones en 2026. También se contempla la posible renuncia a los Tres Principios No Nucleares, lo que supone un cambio histórico en su política de posguerra.