¿Han aumentado los terremotos más destructivos?

En lo que va de año se han producido en todo el planeta 11 sismos de magnitud superior a 7.

En los últimos meses Latinoamérica ha vivido una sucesión de grandes terremotos: el 24 de junio ocurrió el doblete sísmico en Venezuela, el 17 de julio hubo otro movimiento telúrico en México y el 10 de agosto pasado, en Colombia, se produjo un sismo de magnitud superior a 7.

Estos temblores hacen surgir varias preguntas sobre la naturaleza de los fenómenos: ¿se está produciendo un aumento de grandes sismos?, ¿están interconectados entre ellos?

En lo que va de año ya se han producido 11 terremotos de magnitud igual o superior a 7, según consta en el registro que lleva a cabo el Servicio Geológico de EE.UU. El último de esos movimientos telúricos ocurrió hace tan solo cuatro días, en Indonesia.

La gran mayoría se encuentran relacionados con el cinturón de fuego del Pacífico, que rodea el perímetro del mayor océano del mundo y concentra alrededor del 90 % de la actividad sísmica del planeta.

Sin embargo, los expertos señalan que el hecho de que varios temblores se produzcan cercanos en el tiempo o en el espacio no significa que estén relacionados entre sí.

Un planeta en constante movimiento

El planeta se encuentra en constante movimiento. De hecho, cada día se producen alrededor de 1,8 millones de terremotos, la inmensa mayoría imperceptibles para los humanos.

También ocurren anualmente un puñado de grandes movimientos telúricos. El año pasado se registraron 16 sismos superiores a magnitud 7; el anterior, 10; en 2023, 19; y en 2022 fueron 11, por destacar las cifras de los últimos años.

Todos esos fenómenos pertenecen al movimiento natural de la corteza terrestre, una capa compuesta por fragmentos que pueden desplazarse desde varios centímetros al año, como sucede con las placas circumpacíficas, hasta tan solo unos milímetros, como ocurre con las placas euroasiática y africana.

Esos desplazamientos hacen que sus bordes se friccionen y que acumulen tensión durante décadas o siglos. Cuando la presión supera la resistencia, la falla se rompe y libera la energía acumulada, lo que genera las ondas sísmicas que provocan los terremotos.

La diferencia entre la velocidad y tensión acumulada hace que la actividad sísmica se concentre en mayor medida en unas latitudes que en otras, como sucede en el caso de zonas de las costas del Pacífico. Como el movimiento es constante, no es inusual que varios sismos tengan lugar con pocas horas o días de diferencia, lo que no implica que tengan relación entre sí.

No obstante, a veces algunos movimientos telúricos sí tienen relación, especialmente cuando se encuentran relativamente cerca y el primero de ellos altera la tensión de la falla en la que se produce el segundo. Pero la cercanía geográfica no es siempre determinante.

Por ejemplo, en los recientes casos de Venezuela y Colombia no existe esa conexión. El colombiano fue producto de la subducción de la plaza de Nazca bajo la placa sudamericana, mientras que el de su vecino respondió a otra dinámica diferente.

Es imposible pronosticar el próximo gran terremoto

Los científicos tienen acumulado un ingente conocimiento sobre la localización de diferentes estructuras —como placas o fallas—, que están catalogadas y clasificadas por su nivel de riesgo. 

Sin embargo, todo ese saber acumulado todavía no es suficiente para poder predecir el momento y lugar exacto en el que se producirá un gran temblor, aunque las investigaciones en marcha auguran que quizá en algún momento podrá alcanzarse ese objetivo.

En cualquier caso, los expertos advierten de la necesidad de estudiar las características geológicas de cada región para planificar los desarrollos urbanísticos y las normas de construcción. Se trata de prevenir la devastación y la pérdida de vidas en zonas en las que se sabe que la probabilidad de un gran terremoto es alta.