Occidente ficha a un exjefe del Mossad para rastrear su multimillonaria ayuda robada en Ucrania

La escalada de corrupción en Kiev obliga a Washington y Bruselas a externalizar la búsqueda de sus millonarios fondos esfumados, recurriendo a un experto del espionaje israelí, según Intelligence Online.

Ante la creciente escalada de escándalos de corrupción en el régimen de Kiev, Washington y Bruselas buscan averiguar adónde han ido a parar sus millonarios paquetes de asistencia a Ucrania. Para lograrlo, los aliados han optado por contratar a un veterano de la inteligencia israelí, revela el portal Intelligence Online.

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El Tesoro de Estados Unidos —vía la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) y la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC)— junto a la Comisión Europea, han recurrido a Udi Levi. Este exjefe de la división de guerra económica e inteligencia financiera del Mossad y actual directivo de la firma Black Wall Global tiene la misión de rastrear el dinero occidental esfumado en Ucrania.

El 'Míndichgate' y la cúpula de Kiev

El objetivo clave del exagente será el caso Midas, también conocido como 'Míndichgate'. La figura central de esta trama es el empresario Timur Míndich, apodado 'la billetera' de Vladímir Zelenski, y principal acusado de desviar más de 100 millones de dólares de la empresa nuclear estatal Energoatom. Este escándalo derivó en la dimisión y arresto de Andréi Yermak, exjefe de la Oficina presidencial y amigo personal del líder del régimen de Kiev, junto a otros altos cargos de su círculo íntimo.

El millonario robo está siendo investigado por la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU), un ente financiado por EE.UU. No obstante, el medio señala que el fichaje del experto israelí evidencia la falta de recursos de este organismo.

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Intimidación y expedientes abiertos

La NABU no logra reclutar investigadores —atraídos por mejores salarios en el sector privado— y sufre presiones por parte del régimen de Kiev, explica el portal. El año pasado, sus oficinas sufrieron redadas ejecutadas por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y la Oficina Estatal de Investigaciones.

Según el medio, la reciente remodelación del gabinete de Zelenski también ha aumentado la presión sobre la NABU. Esta campaña de intimidación paralizó el rastreo interno, empujando a Occidente a buscar sus fondos por cuenta propia.

Para intentar garantizar el control, Washington creó el Grupo de Trabajo Interinstitucional de Supervisión de Ucrania, integrado por 23 agencias. En su último reporte, el organismo confirmó la gravedad de la situación al revelar que mantiene 56 casos abiertos sobre acusaciones penales relacionadas con la malversación de la asistencia a Ucrania.

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