Armas espaciales: ¿qué está en juego en la carrera por el control de la órbita?

En la órbita terrestre se libra una carrera silenciosa por poder dejar a un adversario sin su infraestructura espacial, con herramientas que van desde interceptores cinéticos y láseres hasta medios cibernéticos y electrónicos, algunas ya probadas y otras aún en desarrollo.

El espacio ultraterrestre ya no es dominio exclusivo de la investigación científica y la actividad comercial. Hoy en día, se libra en órbita una carrera silenciosa pero tenaz: la de poder dejar a un adversario sin su infraestructura espacial en el momento decisivo.

Las herramientas de esa carrera son diversas. Los interceptores cinéticos pueden derribar satélites con un impacto directo. Los láseres y los sistemas de microondas pueden cegar los sensores ópticos y quemar la electrónica. Los medios de guerra cibernética y electrónica, por su parte, pueden interferir en las señales de forma sigilosa y hacerse con el control de un objetivo. Algunas tecnologías ya se han probado, otras siguen en fase de diseño o prototipo.

¿Qué es un arma espacial?

Hasta ahora, no existe una definición única y reconocida internacionalmente de lo que es un arma espacial. Se suele utilizar el término "capacidades antiespaciales", que abarca los sistemas destinados a "engañar, perturbar el funcionamiento, provocar fallos, reducir la eficacia o destruir los sistemas espaciales".

Desde un punto de vista funcional, las armas espaciales se dividen en tres categorías según su dirección de acción: 'tierra-espacio', 'espacio-espacio' y 'espacio-tierra'. Mientras, según su mecanismo de ataque, se distinguen las armas cinéticas (colisión física directa o explosión cerca del objetivo), las armas de energía dirigida (láseres, radiación de microondas), las armas electrónicas y las armas cibernéticas.

Estados Unidos

EE.UU. fue uno de los pioneros en demostrar capacidades cinéticas antisatélite. En 1985, un caza F-15A Celestial Eagle, pilotado por el mayor Wilbert D. Pearson, lanzó un misil ASM-135 ASAT que destruyó el satélite Solwind P78-1 por impacto directo a unos 555 km de altitud. En 2008, un misil naval SM-3 derribó el satélite espía estadounidense USA-193 que estaba fuera de control, antes de que reingresara en la atmósfera.

Durante mucho tiempo, Washington se abstuvo de desplegar sistemas de ataque en órbita. Sin embargo, en 2025, el general Stephen Whiting, comandante del Comando Espacial de EE.UU. (USSPACECOM), declaró que "ya no cabe duda de que el espacio es un dominio bélico", añadiendo que EE.UU. debe ser dominante en esa lucha y en la victoria. Mientras, este septiembre, Washington reconoció públicamente por primera vez la presencia de un arma ofensiva en la órbita terrestre. Aunque no se precisó la naturaleza exacta del sistema desplegado, fuentes señalaron que este armamento permitiría al Pentágono neutralizar satélites enemigos si estos fueran utilizados para rastrear o atacar objetivos estadounidenses.

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Actualmente, el país norteamericano está desarrollando capacidades que incluyen: satélites maniobrables, herramientas de vigilancia avanzadas así como sistemas defensivos y ofensivos en órbita

Rusia

Rusia heredó su programa completo de armas antisatélite de su predecesora superpotencia. La Unión Soviética comenzó a desarrollar el sistema denominado Destructor de Satélites (IS, por sus siglas en ruso) en 1960, casi simultáneamente con los primeros experimentos estadounidenses en este campo. El IS se convirtió en el primer sistema de defensa espacial del mundo en ser desplegado. Los diseñadores soviéticos optaron por un concepto de interceptación coorbital: un satélite de combate era lanzado a órbita, se aproximaba al objetivo y detonaba, liberando una nube de metralla con un radio de destrucción efectivo de aproximadamente 50 metros. Fue aceptado en servicio en 1972.

Paralelamente al programa de energía cinética, la URSS trabajaba en armas láser. A finales de la década de 1980, se desarrolló el sistema láser de combate A-60 Sokol-Eshelon, basado en el avión de transporte Il-76, diseñado para destruir satélites en órbita baja. En la década del 2000, se reanudaron los trabajos para la creación de un complejo láser aerotransportado. Según las evaluaciones actuales, está diseñado para dañar los medios ópticos de las naves espaciales, no para destruirlas físicamente. Para ello, como señalan los expertos, se necesitarían costes energéticos verdaderamente fantásticos: se trataría de un arma de energía dirigida pensada para cegar o desactivar los sensores de un satélite, no para volatilizarlo.

Actualmente, Rusia lleva a cabo pruebas con tecnologías de aproximación y maniobra (RPO) en órbitas bajas y geoestacionarias, que pueden respaldar capacidades antisatélite en la misma órbita; desarrolla sistemas terrestres y de láser, entre otros. En particular, se trata de:

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Pese al desarrollo de múltiples sistemas avanzados, Moscú considera que el espacio debe estar libre de cualquier tipo de armamento, advirtiendo que cualquier conflicto armado en órbita tendría consecuencias catastróficas para la humanidad.

China

Por su parte, China llevó a cabo la primera prueba exitosa de un arma cinética antisatélite en 2007, al destruir con un misil SC-19 (una variante del DF-21) su propio satélite meteorológico Fengyun-1C. Posteriormente, el gigante asiático desarrolló sistemas más avanzados, entre ellos están:

Pekín, al igual que Moscú, aboga por el uso pacífico del espacio ultraterrestre y ha protegido su seguridad, oponiéndose a su militarización, "su conversión en un campo de batalla y la carrera armamentística espacial". 

Otros países

Otras naciones del mundo también empiezan a considerar el espacio como una zona militar, desarrollando sus propias armas:

Contradicciones legales

Mientras, la carrera por el poder militar en el espacio se acelera, la base de la normativa internacional en el área sigue siendo el Tratado sobre el espacio ultraterrestre o Tratado del espacio exterior, de 1967. El artículo IV del documento prohíbe el emplazamiento en la órbita terrestre de "cualquier objeto que contenga armas nucleares o cualquier otro tipo de armas de destrucción masiva", así como la instalación de dichas armas en cuerpos celestes.

Sin embargo, el Tratado no prohíbe:

Rusia y China llevan desde 2008 impulsando el proyecto de Tratado sobre la Prevención del Despliegue de Armas en el Espacio Exterior, que prohibiría el despliegue de cualquier tipo de armamento en órbita. Sin embargo, el proyecto no ha recibido apoyo, en particular de EE.UU., que bloquea las resoluciones sobre la prevención de la carrera armamentística en el espacio en la ONU.

En 2025, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por abrumadora mayoría una resolución sobre la prohibición del despliegue de armas de destrucción masiva en el espacio, aunque no se logró alcanzar un consenso sobre la prohibición total de todo tipo de armamento espacial.