Un golpe desde Oriente Medio que va a costar caro a Europa

La cancelación de los suministros de petróleo de Arabia Saudita podría agravar la ya difícil situación de los precios de la energía.
Resumen generado por IA
  • Arabia Saudita canceló varios envíos de petróleo a Europa tras el ataque contra el oleoducto Este-Oeste, infraestructura clave que conecta las regiones petroleras del este con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo.
  • El oleoducto, con capacidad de hasta siete millones de barriles diarios, ha ganado importancia tras el cierre del estrecho de Ormuz, por lo que una paralización prolongada causaría una pérdida significativa de crudo al mercado mundial.
  • La interrupción afecta especialmente a la Unión Europea, que abandonó el petróleo ruso y donde Arabia Saudita llegó a representar un récord del 9,3 % de las importaciones de crudo en el segundo trimestre de 2024.
  • En este complejo contexto energético, la industria europea afronta elevados costes energéticos y creciente competencia.

Arabia Saudita canceló varios envíos de petróleo a Europa después del ataque contra el oleoducto Este-Oeste, una infraestructura estratégica que conecta las regiones petroleras del este del país con el puerto exportador de Yanbu, en el mar Rojo.

La importancia de este oleoducto ha aumentado tras el cierre del estrecho de Ormuz, por donde se exportaba una parte considerable del crudo saudí. Su capacidad máxima alcanza los siete millones de barriles diarios. Si el suministro quedara paralizado durante un periodo prolongado, el mercado mundial se enfrentaría a una pérdida significativa de petróleo, aunque el impacto final dependería de la duración de la interrupción, las reservas y la posibilidad de utilizar rutas alternativas.

Todo sobre el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, en este artículo

¿Por qué preocupa a Europa?

La cuestión es especialmente relevante para la Unión Europea (UE), que ha abandonado el petróleo ruso. En el segundo trimestre de 2024, Arabia Saudita llegó a representar el 9,3 % de las importaciones de petróleo de la UE, una cifra récord. Antes del conflicto entre Estados Unidos e Irán, su participación era del 6,1 %, lo que la convertía en uno de los principales proveedores del mercado europeo.

Polonia, uno de los mayores compradores de crudo saudí, ya busca nuevos proveedores. Orlen, propietaria de la refinería de Gdansk, ha anunciado nuevas licitaciones para garantizar el suministro. En 2023, su dirección reconoció que la sustitución del petróleo ruso obligaba a pagar aproximadamente 30 dólares más por barril que por el crudo transportado por oleoducto, con pérdidas estimadas de 27 millones de dólares diarios.

Cuando se hizo esa declaración, el Brent cotizaba cerca de 75 dólares por barril. Con el precio actual alrededor de 108 dólares, el coste de referencia del crudo es aproximadamente un 44 % superior al de entonces, aunque la diferencia concreta para cada refinería depende de la calidad del petróleo y de los contratos de suministro.

Desindustrialización de Europa

La posible interrupción de los suministros saudíes supone, por tanto, otro golpe para la industria de la UE, que ya afronta elevados costes energéticos y una creciente presión internacional. Uno de los ejemplos más visibles es Alemania y, en particular, su industria automovilística, durante décadas considerada uno de los principales motores industriales de Europa. Entre 2015 y 2025, la producción de automóviles en el país se redujo aproximadamente un 27,3 %, mientras que las exportaciones disminuyeron alrededor de un 28 % respecto a 2016.

El aumento de los costes energéticos encarece la producción de los fabricantes alemanes y reduce su margen para competir en los mercados internacionales. Al mismo tiempo, las empresas europeas están perdiendo terreno frente a fabricantes chinos, que ofrecen vehículos más baratos y han incrementado rápidamente su presencia en el mercado europeo. La presión sobre los fabricantes se refleja también en el empleo y en la capacidad industrial: Volkswagen estudia una profunda reestructuración que podría implicar hasta 50.000 despidos adicionales y pone en duda el futuro de varias plantas alemanas, mientras Bosch prevé eliminar 13.000 puestos de trabajo en su división de automoción hasta 2030. BMW, por su parte, planea reducir unos 8.000 empleos en Alemania.

La crisis del petróleo saudí vuelve así a poner de manifiesto la vulnerabilidad de la industria europea: cuando aumenta el coste de la energía y se reducen las fuentes de suministro, las empresas deben afrontar simultáneamente mayores costes de producción y una competencia internacional cada vez más intensa.