Un equipo de arqueólogos rusos ha descubierto en Yakutia, en el Lejano Oriente del país y zona con permafrost, la tumba de un guerrero que fue enviado al más allá no solo con comida funeraria y un caldero de hierro, sino también con un equipo de equitación y, lo más importante, armas.
El monumento funerario data de los siglos XV al XVII d. C., según un comunicado del Instituto de Investigaciones Humanas y Problemas de los Pueblos Minoritarios del Norte del Departamento de Siberia de la Academia Rusa de Ciencias rusa emitido al término de la temporada de trabajos de campo de la expedición en el 'ulús' (distrito) de Tattinski de la República de Sajá, nombre oficial de Yakutia.

Los investigadores abrieron el sepulcro y descubrieron, bajo un techo de madera, el cuerpo de un guerrero sepultado con equipo ecuestre y armamento.
"Entre los ajuares funerarios se encontraban un arco y flechas, armas blancas, un cuchillo envainado, un látigo, una silla de montar, estribos de madera, un caldero de hierro y ofrendas funerarias", informó la institución.

En las excavaciones, los investigadores identificaron un arma blanca atípica en relación con las espadas tradicionales yakutas, como el 'batyiá' o el 'batás'. Su hoja, de 40 cm de largo y poco más de 3 cm de ancho, es ideal para realizar estocadas precisas, lo que indica un propósito militar. El mango acortado de 5 cm, con trenzado de corteza de abedul y borde ensanchado, permite el uso con una sola mano.

El descubrimiento de este instrumento tiene un alto valor científico, ya que permite rastrear la evolución de las armas blancas yakutas.

