El portaviones estadounidense USS Abraham Lincoln regresó el jueves a San Diego, California, tras un despliegue de 321 días en Oriente Medio, marcado por intensos combates, escasez de suministros y reportes sobre el deterioro de las condiciones a bordo, informa ABC News.
El buque, que participó en la guerra contra Irán y lanzó miles de aeronaves durante sus operaciones, completó el segundo despliegue más largo de la Armada estadounidense desde el fin de la Guerra Fría, solo por detrás del USS Gerald R. Ford, que regresó este mismo año tras 326 días de misión. Durante 265 días consecutivos, el Lincoln no realizó visitas a puertos, un récord en la historia militar del país.
Las dificultades durante la misión incluyeron una caída de la moral de la tripulación y problemas con los suministros. En este contexto, se registraron ocho intentos de suicidio entre los integrantes del grupo naval desde el inicio del prolongado despliegue, vinculado a la guerra contra Irán, según reconoció en una carta al Congreso de EE.UU. el secretario interino de la Armada, Hung Cao.
¿Malas condiciones a bordo?
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, visitó el portaviones el miércoles y reconoció que había firmado dos veces las órdenes para extender su misión. Justificó la decisión por la eficacia de la tripulación en el campo de batalla, las necesidades operativas y la confianza del presidente Donald Trump en que cumpliría sus objetivos.
Asimismo, Hegseth rechazó los informes sobre el deterioro de las condiciones a bordo. Sin embargo, el comandante del buque, el capitán Dan Keeler, reconoció que los marinos atravesaron altibajos durante la misión. "Ha sido un despliegue muy duro", admitió Precious Amada Aguirre, técnica de sistemas de información del portaviones.
El regreso a la base en California estuvo acompañado por familiares que esperaban a los tripulantes. Cerca de 60 padres movilizados a bordo pudieron conocer por primera vez a sus hijos nacidos durante la misión.