El mercado petrolero de Arabia Saudita está sumido en una espiral de incertidumbre debido a una combinación de conflictos geopolíticos regionales, ataques directos a su infraestructura y el colapso de sus rutas de transporte marítimo.
A pesar de que la producción comenzó a recuperarse parcialmente en septiembre y las grandes petroleras occidentales aún mantienen su interés inversor en Oriente Medio pese a los conflictos y riesgos, la realidad es que la estabilidad del mercado saudí sigue bajo una amenaza crítica y constante.
Crisis en Ormuz
Tras el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, el tráfico de crudo por el estrecho de Ormuz (la ruta más importante del golfo Pérsico) cayó drásticamente de 21 millones a 8,6 millones de barriles diarios. A pesar de que se han habilitado transferencias de barco a barco, los ataques iraníes a buques petroleros mantienen la ruta bajo un riesgo constante.
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Estas transferencias son la razón por la cual, a pesar de que los ataques contra los tanqueros que atraviesan el estrecho de Ormuz alcanzaron a inicios de octubre su nivel más alto desde el inicio de la guerra, el flujo paradójicamente se ha mantenido y aumentado un poco, incluso pese a las hostilidades.
La plataforma privada de datos Kpler calculó que, a finales de septiembre, el tránsito de petróleo alcanzaba unos 13 millones de barriles al día, aunque este aún se sitúa por debajo del nivel anterior a la guerra.
La ruta petrolera alternativa
El oleoducto Este-Oeste fue construido en la década de 1980 en medio de la guerra entre Irán e Irak y se concibió inicialmente como un plan de contingencia en caso de crisis. El sistema de doble ramal, con una extensión de unos 1.200 kilómetros, conecta los yacimientos petroleros orientales de Arabia Saudita con el puerto de Yanbu, en la costa del mar Rojo, evitando por completo el estrecho de Ormuz.
Si bien el oleoducto ha servido como una ruta alterna para la salida del crudo, no es capaz de compensar plenamente las pérdidas derivadas de las restricciones en el estrecho de Ormuz, por lo que se ha convertido más bien en un apoyo temporal que en una alternativa completa.
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Además, la ruta no está exenta de riesgos: la infraestructura ha tenido que ser cerrada en dos ocasiones este año tras ser blanco de ataques, el primero con drones lanzados desde Irak y el segundo perpetrado por los hutíes de Yemen, quienes también han realizado bombardeos contra la terminal norte de Yanbu, el puerto de exportación final al que llega todo el crudo transportado desde el este.
La petrolera estatal Saudi Aramco también ha sido blanco directo de misiles y drones lanzados desde Yemen. Recientemente, los hutíes atacaron un complejo administrativo y operativo de Aramco en Dhahran e impactaron objetivos en varios aeropuertos que dejaron al menos 13 muertos y alrededor de 300 heridos.
Mar Rojo y Bab el Mandeb
Una vez que el petróleo llega a Yanbu, el mapa plantea otro detalle complicado: los petroleros que se dirigen al sur deben pasar por Bab el Mandeb, una zona situada entre Yemen, en la península arábiga, y los países del Cuerno de África, Yibuti y Eritrea. En esta zona, los hutíes también representan un riesgo para el transporte marítimo y han amenazado en diversas ocasiones con cerrarla.
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El estrecho tiene una gran importancia económica al constituir la ruta marítima que une Asia con Europa. Al igual que ocurre con el estrecho de Ormuz, el bloqueo de este corredor podría desestabilizar aún más la logística mundial y provocar un aumento en el precio de los recursos energéticos. Aunque en el caso de Arabia Saudita también es posible navegar hacia el norte, en dirección a Suez, no es posible garantizar que esta ruta alternativa esté libre de incidentes.
Riesgo de escalada
Marko Papic, analista de BCA Research, explicó a Bloomberg que los ataques hutíes contra la infraestructura energética han sido hasta ahora "limitados", lo que, a su juicio, podría reflejar su intención de evitar una fuerte subida del precio del petróleo y, con ello, una confrontación con Washington.
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"Lo importante es que los hutíes son racionales y están centrados en sus asuntos internos. Su intención no es dominar la región ni invadir Arabia Saudita. Por el contrario, se centran en ganar la lucha por el control de Yemen. Y, para alcanzar ese objetivo, están dispuestos a llegar a acuerdos con sus enemigos externos cuando les resulte conveniente", sostuvo.
Para Arabia Saudita, toda esta situación representa un riesgo latente que, por ahora, parece no tener una solución en el corto plazo. Actualmente, Riad debe proteger simultáneamente aeropuertos, instalaciones petroleras y rutas de exportación, mientras que los hutíes pueden elegir dónde atacar y no necesitan derrotar al Ejército saudí para perturbar la economía del país y sus vías de comercialización.
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