Las recientes declaraciones de las autoridades japonesas sobre las armas nucleares han generado preocupación ante una posible revisión de los principios que durante décadas han guiado la política del país. Nuevas iniciativas podrían marcar un giro significativo en la estrategia militar de Tokio y poner en tela de juicio su compromiso histórico de renunciar al uso militar de la energía atómica.
Durante una sesión del Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes japonesa celebrada este miércoles, la primera ministra, Sanae Takaichi, afirmó que el Gobierno estudiará la posibilidad de incorporar submarinos de propulsión nuclear a las Fuerzas de Autodefensa. "Profundizaremos en el estudio concreto y realista de esta posibilidad, teniendo en cuenta la creciente actividad militar de los países vecinos", declaró.
El portal Global Times recuerda que el uso de la energía nuclear con fines militares está prohibido en Japón en virtud de la Ley Básica de Energía Atómica, aprobada en 1955, una disposición que han respetado los sucesivos gobiernos.
Cambio peligroso
"Ahora, las declaraciones de Takaichi sobre la posibilidad de incorporar submarinos de propulsión nuclear suponen una importante ruptura conceptual con la Ley Básica de Energía Atómica de Japón y los históricos Tres Principios No Nucleares que esta sustenta", señaló Lu Yaodong, investigador del Instituto de Estudios Japoneses de la Academia China de Ciencias Sociales.
Lu sostuvo que las declaraciones de Takaichi no fueron improvisadas, sino un paso deliberado y agresivo vinculado a la revisión de los principales documentos de seguridad nacional prevista para este año, que amenaza con socavar los principios perennes. "Japón está utilizando los submarinos de propulsión nuclear como vía para desafiar el tabú nuclear establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un cambio muy peligroso", añadió.
Reacción en cadena
Zhou Yongsheng, profesor de la Universidad de Asuntos Exteriores de China, subrayó que los submarinos son armas ofensivas destinadas a realizar operaciones en alta mar y que equiparlos con sistemas de propulsión nuclear no puede considerarse una "modernización convencional del equipamiento militar".
Recordó que los Tres Principios No Nucleares de Japón prohíben a ese país fabricar, poseer o permitir la presencia de armas nucleares en su territorio. Aunque un submarino de propulsión nuclear no equivale a una bomba atómica, su incorporación proporcionaría en la práctica a Japón la capacidad de utilizar energía nuclear con fines militares, explicó.
"Una vez abierta la caja de Pandora de la incorporación de submarinos de propulsión nuclear, se sentará un precedente sumamente negativo que desencadenará una reacción en cadena de carreras armamentísticas regionales. Si esto ocurre, ensombrecerá el régimen mundial de no proliferación nuclear", advirtió Zhou.
Adiós al tabú nuclear
En el Gobierno japonés se debate cada vez con mayor frecuencia la posibilidad de flexibilizar la legislación nuclear. En 1971, las autoridades niponas adoptaron los Tres Principios No Nucleares: no fabricar, no poseer y no permitir el despliegue de armas nucleares en su territorio. Sin embargo, el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, pide ahora reconsiderar este tabú.
"Para Japón es un tema difícil de abordar, pero hay una cuestión que no podemos evitar: la nuclear", declaró el ministro. A su juicio, el país debe "debatir y desarrollar todas las políticas sin tabúes", en alusión al cambio del panorama estratégico internacional. Como ejemplo, mencionó el fortalecimiento del arsenal nuclear francés y la decisión de Finlandia de permitir el despliegue de este tipo de armas en su territorio.
China y Rusia se pronunciaron sobre la militarización creciente de Japón. Pekín criticó al Gobierno japonés por evitar una reflexión sincera sobre las lecciones de la Segunda Guerra Mundial y por difuminar su responsabilidad histórica, y subrayó que las acciones de Tokio "alarmaron aún más a los vecinos asiáticos y a la comunidad internacional respecto a lo que realmente está haciendo Japón". Moscú, por su parte, instó a Tokio a abandonar los intentos de "retocar las páginas inhumanas de su propia historia", al haber sido "uno de los principales agresores de la Segunda Guerra Mundial".
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