El telescopio espacial Swift de la NASA, que durante más de dos décadas estudió algunas de las explosiones más poderosas del universo, cayó este miércoles a la Tierra y se desintegró en gran parte al ingresar a la atmósfera sobre cielos de Indonesia, informó Reuters. El aparato, de aproximadamente 1.452 kilogramos, terminó así una misión científica que había superado ampliamente su vida útil prevista.
La Fuerza Espacial de EE.UU. confirmó que el reingreso ocurrió a las 12:39 GMT, cuando el satélite atravesó las capas superiores de la atmósfera a una velocidad equivalente a unas 22 veces la del sonido. El hecho se produjo sobre la provincia indonesia de Sumatra Septentrional, una región de aproximadamente 16 millones de habitantes. La NASA esperaba que el calor generado por la fricción destruyera la mayor parte de la estructura, aunque algunos fragmentos podrían sobrevivir a la caída y llegar a la superficie.
Pese a esa última posibilidad, la NASA no reportó daños materiales ni personas heridas. Antes del reingreso, la Fuerza Espacial había calculado que la probabilidad de que alguna persona resultara afectada era de una entre 2.100. "Solo se espera que lleguen a tierra unos pocos fragmentos pequeños y chamuscados, nada reconocible como un telescopio", había explicado a Reuters Dean Sladen, ingeniero aeroespacial de la empresa británica Accu Components.
El observatorio, cuyo nombre completo era Neil Gehrels Swift Observatory, fue lanzado en 2004 con una misión inicialmente prevista para dos años. Equipado con tres telescopios capaces de observar distintas longitudes de onda, estaba diseñado principalmente para estudiar los estallidos de rayos gamma, considerados como las explosiones de energía más intensas del universo. Durante sus 22 años de actividad también investigó cientos de supernovas, agujeros negros, asteroides y cometas, y dio pie a unas 7.000 publicaciones científicas.
Sin embargo, el satélite, valorado en unos 500 millones de dólares, carecía de un sistema propio de propulsión y llevaba meses perdiendo estabilidad orbital. En julio, la NASA y la empresa estadounidense Katalyst Space lanzaron una nave robótica, llamada LINK, para acoplarse al telescopio y trasladarlo a una órbita más elevada. Pero el vehículo comenzó a girar sin control poco después de llegar al espacio y los responsables abandonaron el intento de rescate en agosto. Swift dejó de funcionar definitivamente el 20 de octubre.
Según informó Associated Press, la NASA también estudia alternativas para evitar a otros satélites un destino similar al del telescopio espacial Hubble, cuya órbita se ha visto afectada por la actividad solar. Los análisis recientes indican que este podría precipitarse hacia la Tierra a mediados de la década de 2030. La agencia evalúa propuestas de empresas privadas para elevar su órbita, modernizar sus sistemas o realizar un reingreso controlado. "Hubble todavía tiene importantes investigaciones científicas por delante y deberíamos estudiar todas las oportunidades razonables para que siga funcionando el mayor tiempo posible", afirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman.