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Diesel ruso: quién gana, quien pierde (y quién está desesperado)

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Diesel ruso: quién gana, quien pierde (y quién está desesperado)

Tras una llamada telefónica entre el presidente de Rusia y su par estadounidense (la sexta en lo que va de año), Donald Trump, en su estilo habitual, anunció que, tras la "altamente exitosa" conversación, Rusia suministraría 300.000 toneladas de diésel "al mercado estadounidense y global", cantidad que aumentaría en noviembre y meses siguientes hasta alcanzar el millón.

Desde el Kremlin se mostraron satisfechos por el levantamiento de una de tantas medidas restrictivas ilegales. Esta, en concreto, llevaba en funcionamiento desde hace casi cinco años y, si desde Washington cumplen lo acordado, estará sin efecto al menos hasta abril de 2027.

Kaja Kallas subrayó que la Unión Europea no se sumará a ninguna iniciativa que "levante la presión sobre Rusia"

Obviamente, aunque en Washington y Moscú se celebrara la noticia, en otras latitudes no es que abundaran los saltitos de alegría, precisamente. Por parte de Bruselas, su 'cancillera' condenó el acuerdo, argumentando que supondrá ingresos financieros inesperados para el Kremlin y subrayó que la Unión Europea no se sumará a ninguna iniciativa que "levante la presión sobre Rusia". Tranquila, Kaja, nadie contaba con que fueran a hacer eso. Ni falta que hace, a estas alturas.

También en Londres hubo pataleta, con el ex ex ex ex (realmente es difícil saber cuántos ex ha habido desde entonces) ex primer ministro Boris Johnson calificando el levantamiento de la sanción como "enfermante" y "ridícula". Lo que, viniendo de, probablemente, el mayor promotor europeo de la guerra en Europa, es casi que un halago.

Golpe a las relaciones Washington - Kiev

Pero la mayor pataleta (tan grande que sus efectos todavía se dejan notar) fue, nada sorprendentemente, en Kiev. El autoproclamado presidente-que-no-necesita-presentarse-a-elecciones de Ucrania calificó el acuerdo como "injusto y deshonesto" y la postura estadounidense como "débil", mientras que el máximo representante de exteriores del Parlamento ucraniano incluso habló de "traición".

La pataleta de Zelenski no tardó en tener consecuencias y no nos referimos solamente a consecuencias verbales. Aunque inicialmente Trump optó por no prestar demasiada atención al enésimo berrinche del banderismo-zelenskismo, según le fueron llegando detalles, cambió de parecer. Primero, acusó a Zelenski de ser responsable del aumento de precios del diésel a nivel global, por insistir en atacar refinerías rusas, pese a sus pedidos de que dejara de hacerlo. Después elevó el tono y dijo que Kiev necesitaba un nuevo líder, porque el actual no es capaz de llegar a acuerdos pudiendo haberlo hecho.

Poco después del cruce de declaraciones, Zelenski aceptó dejar de atacar refinerías rusas, mediante el eufemismo de una 'propuesta' de tregua energética. Según la prensa británica, Washington advirtió a Kiev que, si no detenían esos ataques de inmediato, los privarían de información de inteligencia y, todavía más allá, del esquema por el cual EE.UU. abastece de armas a Ucrania (pagadas por la Unión Europea).

Ganadores, perdedores y decepcionados

Ahora bien, como les decíamos al inicio, las consecuencias de todo esto apuntan a un claro ganador, un más que probable decepcionado y un par de derrotados. Veamos quién juega cada rol.

Quien, con diferencia, sale más fortalecida de esta serie de novedades es, sin duda, Rusia. Sin tener que ceder nada en particular, en Moscú ven cómo, por primera vez desde 2022, se les levanta –así sea por unos meses- una sanción con un peso económico nada desdeñable, lo que abre la puerta a que puedan levantarse otras a continuación. Además -insistimos- el Kremlin obtiene ese levantamiento a cambio de ninguna concesión. Ni retirada de tropas, ni alto al fuego, ni entrega de territorios. Es decir, durante cinco años le prohibieron vender diésel a EE.UU. y obstaculizaron su venta a terceros y ahora esa restricción fue levantada hasta mínimo los siguientes seis meses. Así de sencillo.

Pero, entonces, ¿quiere esto decir que ahora Washington y Moscú son aliados estrechos y entran en una especie de luna de miel geopolítica? No. Mucho cuidado con esto. Todos tenemos guardado en la memoria –y Rusia no es una excepción– cómo Zelenski fue humillado en la Casa Blanca allá por febrero de 2025 y eso no impidió que EE.UU. haya seguido armando a su régimen desde entonces, solo que la factura ya no la pagan ellos. En el Kremlin tienen claro que no estamos ante un gesto de buena voluntad de Trump, sino ante un gesto de necesidad o incluso desesperación. Que deben aprovechar, claro está, pero sin confundir el trasfondo que lo provoca.

Y el trasfondo que lo provoca es la ansiedad de Trump ante las venideras elecciones de medio término. Según la práctica totalidad de encuestas, a fecha de hoy el Partido Republicano perdería con total seguridad el control del Congreso y, con bastante probabilidad, también el del Senado. De darse ese doble resultado, el presidente estadounidense tendría que gobernar los dos años que le quedan de mandato legislativamente atado de manos. Sus rivales podrían incluso intentar destituirlo.

Trump apuesta a que, liberando el diésel ruso de las sanciones ilegítimas de Washington, podrá revertir esa tendencia alcista y, con ella, la tendencia 'bajista' en las encuestas. ¿Tendrá éxito?

Las encuestas también señalan que el punto que más preocupa a la ciudadanía estadounidense es la economía, en particular el aumento de los precios del combustible, que eleva los precios de casi todo lo demás. Entonces, Trump apuesta a que, liberando el diésel ruso de las sanciones ilegítimas de Washington, podrá revertir esa tendencia alcista y, con ella, la tendencia 'bajista' en las encuestas. ¿Tendrá éxito? Pues recién lo sabremos el 3 de noviembre, pero la mayoría de expertos considera que, suponiendo que la medida vaya a tener algún efecto electoral, este será pequeño… y tardío. Para que se hagan una idea, las 300.000 toneladas de diésel ruso que están a las puertas de EE.UU. solo cubren algo más de la mitad de lo que EE.UU. consume en un solo día. Los siguientes cargamentos ya llegarían después de las elecciones o muy a las puertas, con el lógico escaso impacto en los precios a nivel estadounidense o global.

Es decir, si el presidente estadounidense no ha logrado convencer ni a los mercados ni al electorado de que bajará los precios de la energía con sus grandilocuentes anuncios de que ahora "controla el estrecho de Ormuz" o que supuestamente posee "miles de millones de barriles de petróleo venezolano", no está claro cómo piensa lograrlo comprando diésel ruso a trompicones y último momento.

Lo que sí está bastante más claro es el par de claros perdedores de todo esto, que además son viejos conocidos. Por un lado, Zelenski y compañía, que ven cómo su dizque "principal aliado" ahora se dedica a llenar de dólares las arcas rusas, creando desazón, pánico e histeria en las filas del ultranacionalismo ucraniano.

Por el otro lado, en la categoría de claros perdedores, cómo no, la Unión Europea, que ha llevado su rusofobia al borde del abismo y, como quien dice, está lista para dar un paso al frente. Y es que la crisis energética provocada, en primer lugar, por Trump en el golfo Pérsico tras su agresión a Irán (tolerada por la Unión Europea), los ataques ucranianos contra refinerías rusas (aupados por la Unión Europea) y la renuncia a comprar el diésel ruso liberado por Washington (asumida orgullosamente por la Unión Europea), llevará a Bruselas a la paradoja absurda de todos estos años: comprar productos rusos a terceros fingiendo que no son rusos, como ha hecho en repetidas ocasiones con el petróleo 'indio' o el gas 'marroquí'. En este caso, el producto será diésel 'estadounidense', es decir, diésel ruso con etiqueta de "made in USA" y, por descontado, con tremendo sobreprecio. En fin, cada quien se suicida como mejor le parece.

Así que, como ven, la jugada de Trump con el diésel ruso podrá salirle mal o bien, lo sabremos a principios de noviembre. Lo que hoy podemos decirles con contundencia es que, desde ya, Rusia sale ganando, el régimen de Kiev perdiendo y la Unión Europea sigue dejándose de arrastrar al fondo por el peso de sus políticas irracionalmente rusofóbicas. En otras palabras, el mismo e inevitable desenlace que viene produciéndose desde 2022, pero ahora con inequívoco aroma a combustible en su variedad más densa, aceitosa y pesada.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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