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Sorpresa sin alarmas: Colombia reedita un elección que relega al uribismo a los márgenes

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Sorpresa sin alarmas: Colombia reedita un elección que relega al uribismo a los márgenes

Los resultados de la primera vuelta electoral en Colombia sorprenden por el vertiginoso ascenso de la derecha radical, pero no deberían alarmar si se evalúa la estabilidad histórica de los bloques políticos.

Visto con distancia, el escenario configura un complejo tablero de cara al balotaje presidencial, donde la pelea será voto a voto.

Populismo de derecha

Los datos preliminares dan cuenta de cómo una derecha radical y populista, representada por Abelardo de la Espriella, ha allanado el terreno del conservadurismo convencional con una corriente que se alimenta de impugnar a los partidos institucionales, mientras se apropia del discurso antisistema que perteneció a la izquierda.

La fotografía política regional, ahora con esta votación, refleja una tendencia global innegable: el 'trumpismo' ideológico puede flaquear electoralmente en plazas norteamericanas, como Nueva York o California, pero gana terreno y se consolida en América Latina.

La fotografía política regional, ahora con esta votación, refleja una tendencia global innegable: el 'trumpismo' ideológico puede flaquear electoralmente en plazas norteamericanas, como Nueva York o California, pero gana terreno y se consolida en América Latina.

La contraparte está el comportamiento de la izquierda: a pesar de la lluvia de 'golpes bajos' recibidos durante la gestión del actual presidente, Gustavo Petro, el sector no solo mantiene su base electoral para Iván Cepeda, sino que mejora un punto con respecto a los registros alcanzados en la primera vuelta de 2022.

Es este otro resultado que sorprende si se pone en perspectiva el nivel de obstrucción, nacional e internacional, que recibió la gestión de Petro. No obstante, no hizo mucha mella porque ha sido el propio mandatario quien ha sabido movilizar e interpelar a su núcleo duro, algo que las encuestas no perdieron de vista.

El declive definitivo del uribismo

La distribución del electorado en torno a De la Espriella (43,7%) y Cepeda Castro (40,9 %) emula la polarización de los comicios presidenciales de 2022. En aquel año, la sumatoria de las opciones de derecha en primera vuelta rozaba el 52 % de los sufragios, y posteriormente, en el balotaje, el candidato conservador, Rodolfo Hernández Suárez, consolidó un 47,31 %.

El aspirante de derecha perdió entonces casi cinco puntos del espectro derechista en el balotaje porque el conservadurismo no es un bloque homogéneo: está permeado por actores liberales y de centro, que pueden desafiliarse de las líneas más extremas. Ese comportamiento es el mayor riesgo para De la Espriella.

La gran diferencia entre los recientes comicios y los de 2022 radica en el colapso del uribismo tradicional. Mientras que hace cuatro años el partido Centro Democrático conservaba una fuerza residual, en 2026 ha quedado diezmado a un mínimo histórico del 6,9 %, situándose en niveles comparables con minorías del centro político como Sergio Fajardo (4,7 %).

La gran diferencia entre los recientes comicios y los de 2022 radica en el colapso del uribismo tradicional. Mientras que hace cuatro años el partido Centro Democrático conservaba una fuerza residual, en 2026 ha quedado diezmado a un mínimo histórico del 6,9 %,

Durante la campaña, variadas corrientes del centro enfocaron sus discursos contra las posturas de 'El Tigre', quien ha fustigado constantemente al liberalismo. Asimismo, figuras como el candidato a vicepresidente, Daniel Oviedo, rechazaron adherirse a la derecha radical, lo que sugiere que parte de los electores moderados podrían abstenerse de apoyar el extremismo.  

Es cierto que la derecha, ya reconfigurada, parte en la delantera. Pero también es una realidad que ese sector no tiene el mismo margen de maniobra que en 2022, cuando el trasvase se produjo en la primera vuelta. Además, la anexión automática del voto no se da por sentada en el uribismo, ante un candidato que tiene ciertos rasgos parecidos al perfil del fallecido Rodolfo Hernández: su aversión a los partidos tradicionales y sus formas "políticamente incorrectas", siempre desde un enfoque reaccionario.

Estrategias de cara al balotaje

Con un proyecto progresista que cuenta con un piso blindado del 41 %, la estrategia de Cepeda se centrará en seducir al electorado independiente e inmunizar al centro frente al discurso de su rival.

De la Espriella, por su lado, usará su ligera ventaja aritmética para adherir más respaldos. Hoy, así como en 2022, vuelven a ser claves los territorios progresistas, donde la abstención tiene importantes picos históricos. Su principal obstáculo será 'modernizar' su imagen, un tanto dogmática, para sumar a los votantes periféricos que necesita.

Bajo estas líneas de acción, el progresismo podría emular el crecimiento del balotaje de 2022, de 10 % en relación a la primera vuelta. Aquella expansión no dependió únicamente de las dirigencias del centro político, sino de la movilización de sectores históricamente excluidos en regiones periféricas, logrando reducir el abstencionismo en zonas marcadamente afines a la izquierda, como los departamentos del Chocó, Cauca, Nariño, Putumayo.

El foco crítico de los próximos días consistirá en observar cómo se moverá la campaña en estos territorios, tan decisivos como excluidos, debido a los riesgos de violencia que podrían intentar los grupos ilegales armados, como pasó en la campaña de la primera vuelta.

El foco crítico de los próximos días consistirá en observar cómo se moverá la campaña en estos territorios, tan decisivos como excluidos, debido a los riesgos de violencia que podrían intentar los grupos ilegales armados, como pasó en la campaña de la primera vuelta. El objetivo es impedir que se bloquee la movilización de la izquierda en su propia base y el miedo impida el voto o enrarezca el clima electoral.

Por su parte, se prevé que el ultraconservador polarice mucho más de ahora en adelante, ubicando el hipotético triunfo de la izquierda como un escenario apocalíptico. Sin embargo, deberá aceptar o rechazar el respaldo de partidos políticos que él ubica en el campo enemigo y cuyo rechazo es su gasolina discursiva.

Lo que tiene a su favor es que, aparentemente, De la Espriella es inmune a los escándalos, así que filtraciones que puedan ventilarse en su contra no necesariamente le van a afectar en mayor medida su camino al Palacio de Nariño.

Finalmente, será clave observar la interacción con las estructuras de los partidos tradicionales. A pesar de su encendido discurso antipartido y antisistema, el candidato de Defensores de la patria posee un pragmatismo político que le probablemente le permitirá aceptar el respaldo de maquinarias tradicionales para ampliar su base de apoyo.

En la acera opuesta, queda por definir qué facciones institucionales se adherirán a Cepeda, cobrando especial relevancia la postura definitiva que adopten tanto el partido conservador colombiano como actores históricos, entre los que se cuentan los expresidentes César Gaviria y Juan Manuel Santos, cuya postura política es fundamentalmente 'antipetrista', pero con bases de apoyo que se sienten muy alejadas de la extrema derecha en auge.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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