PIX: La herramienta tecnológica que está mutando la campaña presidencial brasileña

Ociel Alí López

El PIX, el sistema de pagos instantáneos del Banco Central de Brasil (PCB), se ha convertido en un actor inesperado y protagónico en la contienda electoral. Aunque su génesis técnica y regulatoria comenzó a gestarse durante la gestión de la expresidenta Dilma Rousseff, fue lanzado oficialmente e implementado con gran éxito en noviembre de 2020 bajo el gobierno del expresidente Jair Bolsonaro.

Ahora, en un giro estratégico, el presidente Luiz InácioLula da Silva, lo ha elevado como una bandera de orgullo nacional y soberanía tecnológica en su campaña por un cuarto mandato, en tanto la existencia de la aplicación se ha asentado como la justificación de Washington para imponer 25 % de aranceles a productos de importación brasileños.

Haberse convertido en un inesperado centro de la diatriba puede convertir a esta herramienta financiera en una gran decisora en las urnas.

El debate en torno a su éxito y a su alcance podría definir el triunfo electoral en Brasil, especialmente a favor de Lula, bajo una narrativa de defensa nacional y en contra de los aranceles con los que el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha venido atacando y amenazando a Brasil, con el velado fin de favorecer a Flávio,  hijo de su amigo Bolsonaro y candidato presidencial. Mientras tanto, las fórmulas "trumpistas" vienen avanzando especialmente en Suramérica, donde solo queda Brasil con un gobierno progresista, situación que será escrutada el 4 de octubre en la primera vuelta presidencial, o el 25 del mismo mes, si hace falta un balotaje.

El éxito masivo del PIX representa un desafío natural a la hegemonía de las grandes operadoras de tarjetas de crédito estadounidenses, como Mastercard y Visa.

La campaña del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula ha sabido capitalizar el PIX como una política pública exitosa para los sectores vulnerables, pero también como una conquista innovadora y popular del Estado brasileño frente a los intereses de las grandes corporaciones financieras internacionales. El relato de campaña sugiere que el éxito masivo del PIX —utilizado diariamente por más de 120 millones de brasileños para resolver su día a día, desde compras tecnológicas hasta pagos en el mercado informal, desplazando el uso de efectivo y tarjetas—, representa un desafío natural a la hegemonía de las grandes operadoras de tarjetas de crédito estadounidenses, como Mastercard y Visa, y a las emergentes fintechs y billeteras digitales, como Google Pay. 

Por su parte, Jair Bolsonaro se encuentra en una posición compleja. Y esto es lo novedoso que nos trae el éxito de la start up

La ayuda de Trump que Bolsonaro no quiere

Aunque fue el gobierno de Bolsonaro quien lanzó la herramienta —y el político derechista suele atribuirse el mérito de su éxito para atraer el voto popular—, la retórica de Lula busca enmarcar a Flávio como un líder que sigue alineado con políticas económicas neoliberales que vulneran los intereses de la nación frente a presiones externas, y le culpa de ser "traidor a la patria" por ir a Washington a "pedir una intervención de un país extranjero".

El impacto del PIX es tan transversal y la plataforma es tan masiva, que el debate sobre quién es el verdadero "padre" o defensor de la criatura se ha vuelto crucial. Bolsonaro se ve obligado a defender su legado técnico, mientras Lula intenta arrebatarle esa bandera, vinculándola a un proyecto de país más amplio y soberano.

El tema es que después de los aranceles contra Brasil, Flávio se ha dado cuenta que la política arancelaria de Washington es un error y se ha reunido con Trump en mayo, y luego presentado un documento en junio ante la Oficina de Representación Comercial de EE.UU., para pedir un aplazamiento de 180 días de la decisión, con el fin de esperar que se produzca un cambio presidencial en Brasil.

En otro lugar de América Latina, la derecha hubiera apoyado a Trump hasta el final, con el fin de ganar su apoyo que parece estar siendo muy cotizado en las urnas. Pero al parecer, el ataque concreto contra PIX y la imposición de aranceles hace tal daño a la economía popular brasileña y genera un rechazo tan expresivo que Flávio ha tenido que tratar de tener influencia en Washington para que no se tomen estas medidas que, según el candidato, beneficiarían al Palacio de Planalto porque intensifica y otorga mayor fuerza al discurso nacionalista de Lula.

Ahora, la disputa por PIX y la imposición de aranceles no son los únicos dolores de cabeza de Bolsonaro.

Lula toma ventaja en encuestas

Hay que advertir que los discursos nacionalistas parecen venirse debilitando en América Latina después de dos ciclos progresistas. Esto quiere decir que el experimento de Lula de reincidir en este discurso, y aprovechar las ofensivas de Washington, van a ser puestas a prueba ahora en el país más grande de la región. Por su parte, Flávio tiene otra agenda pública: apuesta fuerte por temas como la seguridad pública, en un discurso que podríamos llamar la "bukelización" de la campaña brasileña, con sus propuestas sobre cárceles y discursos punitivos. 

Las últimas semanas, las encuestas vienen registrando una evolución favorable a Lula, después de que ambos candidatos se mantuvieran varios meses de comienzos de este año en un "empate técnico". Las pesquisas de las encuestadoras BTG/Nexus (27 de julio), Atlas/Bloomberg (el 29 de julio) y Vox Brasil (31 de julio) dan cuenta de una ventaja de 4, 6 y 7 puntos respectivamente, de cara a una segunda vuelta. El tema aranceles y específicamente PIX, parecen estar llevando a Flavio a problemas que no ha sabido como flirtear.

Flavio tiene otra agenda pública: apuesta fuerte por temas como la seguridad pública, en un discurso que podríamos llamar la "bukelización" de la campaña brasileña, con sus propuestas sobre cárceles y discursos punitivos. 

Y estos no son los únicos escollos del senador y mayor de los Bolsonaro, ya que también ha tenido que enfrentar fisuras internas importantes debido a escándalos de corrupción en su administración y polémicas que afectan su imagen. La esposa de Jair, Michelle Bolsonaro, lanzó un largo video a finales de junio haciendo duras críticas contra Flávio y acusándolo de haberle dado una "puñalada por la espalda". Michelle es la principal líder mujer del conservadurismo brasileño, un espacio donde Flávio parece estar teniendo problemas para conquistar, y también tiene mucha influencia en las Iglesias evangélicas.

En otro escándalo que también recae en la familia Bolsonaro, luego de revelarse audios y mensajes se involucra a Flávio en el pedimento, al banquero Daniel Vorcaro, preso por megafraude financiero, de 12 millones de dólares para realizar la película sobre la vida de Jair Bolsonaro. El candidato negó cualquier acto de ilegalidad aunque aceptó que sí hizo la solicitud.

Así las cosas, a dos meses de la primera vuelta, Lula ha tomado la iniciativa política, y Flávio está tratando de acomodar su narrativa a los cambios en el escenario público que se han producido después del anuncio de los aranceles de Trump y el debate sobre PIX. La apuesta del primero radica en la defensa de la nación brasileña, donde la aplicación funciona como una metáfora potente. Si el electorado brasileño asume este eje de contradicción entre la soberanía tecnológica nacional y un modelo más dependiente a la sombra de las transnacionales financieras, Lula tendría todas las de ganar, tal como apuntan las encuestas de las últimas semanas.

Sin embargo, si el pueblo brasileño da prioridad a otros asuntos urgentes, como la seguridad ciudadana —la gran apuesta de Bolsonaro—, la narrativa sobre el PIX y la soberanía tecnológica pasará a un segundo plano. Esto permitiría un reposicionamiento de Bolsonaro, forzando incluso un empate técnico, tal como registraban algunos sondeos hace meses. La moneda está en el aire, y curiosamente, el PIX es la herramienta que todos quieren usar para pagar la victoria.