Donald Trump sigue afirmando que está logrando sus objetivos en la guerra contra Irán, a pesar de que el conflicto ya lleva más de un mes. Durante este tiempo, el presidente estadounidense ha anunciado al menos en doce ocasiones que la guerra está a punto de terminar, proclamando de hecho la victoria mucho antes de que se haya producido.
Su equipo se esfuerza por mantener este tono. Así, el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró este lunes que todos los objetivos se están logrando "según lo previsto o antes de lo previsto" y que pueden completarse en unas pocas semanas.
El propio Trump va aún más lejos, afirmando que ya se ha producido un cambio de régimen en Teherán y que Washington está negociando con las nuevas autoridades. Sin embargo, la parte iraní desmiente la existencia de tales contactos.
En este contexto, cada vez más expertos hablan de un panorama diametralmente opuesto: Estados Unidos no está ganando la guerra, y el margen para salir de ella sin perder prestigio se está reduciendo rápidamente, si es que no ha desaparecido por completo.
En busca de una salida aceptable
Las presiones de EE.UU. no hacen más que intensificarse. Trump fijó el 6 de abril como fecha límite para la reapertura del estrecho de Ormuz y el lunes lanzó un nuevo ultimátum, amenazando con "destruir por completo" la infraestructura energética de Irán en caso de que fracasen las negociaciones.
Sin embargo, como señalan distintos analistas, en lo que respecta a una escalada, la iniciativa recae cada vez más en Teherán. "El hecho es que los iraníes tienen un interés profundamente arraigado en que esta guerra continúe, porque les está yendo muy bien. Y cuanto más se prolongue la guerra, más influencia tendrán. El presidente Trump, a pesar de lo que dice en público, seguramente entiende que las cosas no van bien y está buscando una salida", valoró John Mearsheimer, profesor de la Universidad de Chicago.
Stephen Walt, profesor de la Universidad de Harvard, también adopta una postura similar. "La razón por la que los iraníes tienen tanto interés en que esto continúe es que, en esencia, están tratando de restablecer la disuasión. Quieren que Estados Unidos pague un precio lo suficientemente alto como para que aprendamos a no hacer este tipo de cosas en el futuro. Y hasta que no estén seguros de haber restablecido la disuasión, es probable que sigan adelante con esto", vaticinó.
Un ultimátum sin efecto
El último ultimátum de Trump vino acompañado de la amenaza de un ataque contra la isla de Jarg, un estratégico enclave por el que pasa hasta el 90 % de las exportaciones de petróleo iraní. Es más, en Washington no descartan la posibilidad de su captura, según demuestra el despliegue de unidades especiales estadounidenses en la región.
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Sin embargo, este tipo de declaraciones parecen cada vez más a un farol. Según los expertos, una operación de este tipo podría asestar un golpe mucho mayor a la economía mundial —y al propio Estados Unidos— que a las exportaciones de petróleo iraní.

Mearsheimer señala directamente esta contradicción: "¿Son capaces de detenerlas [las exportaciones de petróleo]? No quieren detenerlas. Queremos que exporten petróleo. Hay que entender que nos estamos acercando al precipicio en lo que respecta al estado de la economía internacional. No queremos caer por el precipicio. Y para evitarlo, tenemos que sacar la mayor cantidad de petróleo posible a los mercados mundiales. Por eso levantamos las sanciones a los rusos y hemos levantado las sanciones a los iraníes. Y, además, estamos permitiendo que los iraníes envíen petróleo desde la isla de Jarg a través del estrecho hacia los mercados mundiales. ¿Por qué, en nombre de Dios, cortaríamos ahora el flujo de ese petróleo, cuando es probable que tenga consecuencias económicas desastrosas?".
Por su parte, Stephen Walt describe ese posible escenario de manera aún más directa, como un "tiro en la cabeza", subrayando que no resolvería los problemas fundamentales.
Operación terrestre con riesgo de convertirse en un nuevo Irak
A medida que el conflicto se prolonga, Trump se enfrenta cada vez con mayor claridad a la disyuntiva a la que ya se enfrentaron sus predecesores, desde Vietnam hasta Afganistán: retirarse o dar un nuevo paso hacia la escalada, lanzando incluso una operación terrestre. Sin embargo, el contingente actual es claramente insuficiente para llevar a cabo un plan así.
Mearsheimer establece paralelismos directos con el pasado: "Entramos en Irak con unos 200.000 soldados, y la mayoría de esos soldados formaban parte de divisiones de infantería mecanizada y divisiones blindadas. En la primera guerra del Golfo, allá por 1991, entramos con más de 700.000 soldados, de nuevo, divisiones de infantería mecanizada y divisiones blindadas. Ahora estamos hablando de entrar en un país que es mucho más grande que Irak, tiene mucha más población que Irak y cuenta con un terreno desalentador, y vamos a entrar allí con unos 10.000 soldados de infantería ligera y marcar la diferencia. Es un argumento ridículo".

Según Walt, ni siquiera los posibles éxitos tácticos garantizarían una victoria estratégica. "El hecho de que hayamos logrado mermar las capacidades de Irán de diversas maneras no significa que estemos ganando. Ganamos todas las batallas de la guerra de Vietnam contra los norvietnamitas; perdimos la guerra. Los talibanes nunca derrotaron al Ejército estadounidense en combate abierto. Tampoco lo hizo la insurgencia iraquí, y perdimos ambas guerras", recordó, destacando que para Irán este conflicto es existencial, mientras que para EE.UU. es "opcional".
¿Qué queda?
A Washington le quedan cada vez menos opciones para poner fin al conflicto y presentarlo como una victoria. Según Walt, ante el riesgo de una catástrofe económica mundial, Trump podría poner término a la guerra y encontrar en ella argumentos que intentaría presentar como pruebas de un triunfo. "Quizás el hecho de que hayan podido eliminar al ayatolá, digamos, deshacerse de la persona a la que siguen llamando el líder más malvado del planeta, y argumentar, tratar de convencer a la gente de que eso es suficiente. No creo que eso convenza a mucha gente", planteó.

Sin embargo, incluso en ese caso, Irán seguiría teniendo el control de la situación y a Estados Unidos solo le quedaría esperar que las exigencias de Teherán no resulten excesivas.
"Creo que tienen que esperar, y, de nuevo, con los dedos cruzados, que los iraníes no intenten mucho más, que finalmente se den por satisfechos con haber humillado a Estados Unidos, haber demostrado nuestra incapacidad para imponerles nuestra voluntad, y que empiecen a intentar restablecer unas relaciones más normales y luego reconstruir sus propias capacidades para poder amenazar de manera creíble con volver a hacerlo si los perseguimos", concluye el experto.
EE.UU. acecha el petróleo iraní y Teherán le planta cara, MINUTO A MINUTO



