Las relaciones entre Alemania y Rusia afrontan una nueva escalada después de que Berlín haya señalado a Moscú por un incidente con drones en el aeropuerto de Leipzig, aunque no ha presentado pruebas concluyentes. Rusia rechaza las acusaciones y denuncia una nueva ola de "histeria antirrusa".
El episodio recuerda a la oleada de alarma por los avistamientos de drones no identificados que se extendió por Dinamarca y Noruega a finales de septiembre de 2025. En medio de esos incidentes, la OTAN anunció que reforzaría su misión Centinela Báltico e intensificaría la vigilancia en la región.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, calificó los incidentes de "ataques híbridos" y Copenhague no descartó una posible implicación rusa. Moscú rechazó esas acusaciones por "infundadas". Los episodios provocaron cierres temporales de aeropuertos, y también se detectaron drones no identificados cerca de una base aérea danesa.
Sin embargo, meses después, seis fuentes cercanas a la investigación dijeron a TV2 que ni la Policía ni las Fuerzas Armadas disponían de pruebas técnicas que confirmaran que Dinamarca hubiera sufrido un "ataque híbrido" con drones. El propio medio reconoció además que algunas imágenes presentadas inicialmente como drones cerca del aeropuerto de Copenhague mostraban en realidad otros objetos en el cielo nocturno.
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¿Una amenaza o un pretexto para el rearme?
En septiembre de 2025, Ursula von der Leyen propuso un "muro de drones" como una de las cuatro prioridades defensivas de la Unión Europea.
La iniciativa se enmarca en un giro militar mucho más amplio. La Comisión Europea anunció un plan de rearme que contempla un gasto de cerca de 800.000 millones de euros (942.000 millones de dólares), mientras que los países de la OTAN acordaron elevar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB. Pese a que las acusaciones de implicación rusa no han sido corroboradas, los líderes europeos siguen impulsando costosas medidas de defensa y un aumento significativo del gasto militar.
Cómo Europa se prepara para una guerra con Rusia, en este artículo
La histeria por los drones alimenta la militarización de Europa
Según Dmitri Trenin, presidente del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia (CRAI), el cambio de prioridades estratégicas de Washington está trasladando a Europa una parte cada vez mayor de la carga militar y financiera dentro de la OTAN. A su juicio, las élites europeas, antes reacias a aumentar el gasto en defensa y asumir mayores riesgos, han terminado viendo esta transformación como una oportunidad.
El experto señala que la militarización es considerada también como un motor para impulsar las rezagadas economías de la UE, aumentar su autonomía estratégica y reforzar la cohesión del bloque. Políticamente, el rearme y la movilización ante el "enemigo a las puertas" facilitan a las élites gobernantes tachar a sus oponentes de "títeres del Kremlin" y, de este modo, proteger su control del poder. En términos ideológicos, la lucha contra Rusia —por ahora, a través de Ucrania— se ha convertido en una nueva idea unificadora para Europa.
A su juicio, esta dinámica ha colocado a Europa en una trayectoria de colisión directa con Rusia. Trenin advierte que, si esa confrontación desembocara en una guerra, "la OTAN dejaría de existir".