
El New York Times le da la razón a Rusia (tres años después)

El veterano diario estadounidense New York Times publicó un extenso artículo sobre el conflicto rusoucraniano donde, con el pomposo título de "La historia secreta de la guerra en Ucrania", anuncian una serie de 'revelaciones' que solo eran un 'secreto' para los medios hegemónicos. El hecho de que lo 'revelen' ahora y no antes tiene poco, muy poco de casual, por cierto.
En otras palabras: uno de los diarios más prestigiosos de EE.UU. acaba de anunciar el descubrimiento del agua tibia. Agua tibia que los medios rusos venían publicando desde hace años, para más colmo. Así, en un artículo larguísimo (que exige una lectura de unos 50 minutos), el rotativo neoyorquino 'revela' como algo increíblemente novedoso una serie de acontecimientos relativos al conflicto entre Kiev y Moscú que cualquier ‘víctima’ promedio de la 'propaganda rusa' conoce desde hace uno, dos, tres y hasta más años.
El artículo reconoce ahora que "EE.UU. estuvo involucrado en la guerra de una manera mucho más íntima y amplia de lo que se creía anteriormente", algo que el Kremlin ya denunciaba incluso antes de febrero de 2022
El profuso texto, elaborado según sus autores tras llevar a cabo más de 300 entrevistas, es tan largo que más que artículo parece un tratado (por lo mucho que Ucrania y EE.UU. trataron y no lograron, debe ser). Y es que la publicación es un repaso a la alianza militar que Washington y Kiev iniciaron en 2014, con énfasis en cómo la estrecharon en 2022 y, año tras año, la profundizaron hasta juguetear con la Tercera Guerra Mundial.
Mucho texto, pocas novedades, ninguna sorpresa
En más de 13.000 palabras, The New York Times enumera, de forma épica, todos los 'éxitos' ucranianos en el campo de batalla gracias a su alianza con EE.UU., a la par que acusa de incompetentes totales a los militares rusos para, casi al final y bruscamente, admitir que, pese a lo dicho en las 12.000 palabras anteriores, de alguna manera 'inexplicable', quien hoy está al borde del precipicio es Kiev y no Moscú. Lo que recuerda una vieja anécdota de un narrador radiofónico, que en un combate de boxeo pasó del entusiasmo de "golpea Betulio, ataca Betulio, gancho de Betulio, va con todo Betulio" a, de la nada, soltar un repentino y desconcertante "¡cayó Betulio!" cuando el púgil terminó en la lona.

Tal como afirma textualmente el artículo, "EE.UU. estuvo involucrado en la guerra de una manera mucho más íntima y amplia de lo que se creía anteriormente", pero lo cierto es que desde el Kremlin eso se denunció hasta el cansancio, incluso antes de febrero de 2022. Otro de los varios 'breaking news' que llegaron a la meta después de la ambulancia fueron las desavenencias internas entre los militares ucranianos y estadounidenses sobre táctica y estrategia, desavenencias numerosas veces señaladas desde Moscú pero desestimadas como "desinformación rusa".
En un fragmento que bien pudiera haber escrito Ricardo Arjona (de haberse dedicado al análisis militar), el New York Times ilustra esa diferencia de criterio afirmando que tanto los ucranianos, como sus socios, querían ganar la guerra, pero "los estadounidenses también querían asegurarse de que no la perdieran".
Realidades obvias en una guerra 'proxy'
El artículo también hace referencia a la argucia a la que recurrían las autoridades estadounidenses para negar que sus servicios de inteligencia daban a los ucranianos las coordenadas de los objetivos rusos a los que debían disparar, diciendo que no eran objetivos porque no los llamaban "objetivos", sino "tips de inteligencia" o "puntos de interés". Bueno, viniendo del país y corporaciones mediáticas que inventaron el término "daños colaterales", no sorprende demasiado ese juego de terminología, la verdad.
El texto, asimismo, aborda las presiones de los mandos militares estadounidenses a sus contrapartes ucranianas para que redujeran la edad de reclutamiento a los 18 años y la reticencia de la clase política en Kiev a tomar esa medida. También subrayan –con bastante sinceridad, por no decir cinismo- cómo Washington aprovechó el conflicto como "un gran experimento de guerra, que no sólo ayudaría a los ucranianos sino que recompensaría a los estadounidenses con lecciones para cualquier guerra futura". Con sangre ajena, claro está. Es decir, combinando esas dos 'confesiones', The New York Times, a su manera, corrobora la conocida estrategia occidental de "¡hasta el último ucraniano!", denunciada por Moscú prácticamente desde que escalaron las hostilidades.

El diario también aborda cómo, tras la euforia de finales de 2022, cuando las tropas rusas se retiraron al margen oriental del río Dniéper, llegaron los sonados fracasos ucranianos en la contraofensiva veraniega de 2023 y la pérdida de Artiómovsk, por lo que la Administración Biden fue autorizando "operaciones clandestinas" que antes había prohibido, a pesar de sus propios temores de acercarse demasiado a un conflicto global abierto.
A este respecto, es bueno subrayar cómo hoy el diario estadounidense da la razón a las continuas denuncias de Vladímir Putin de que el uso de misiles de largo alcance estadounidenses por parte de las fuerzas ucranianas era, en realidad, una operación de Washington de principio a fin, algo entonces vehementemente negado desde la Casa Blanca y sus grandes medios afines. Según el rotativo, la implicación estadounidense en las operaciones con HIMARS fue tan profunda que textualmente afirman que "lo impensable se había vuelto realidad. EE.UU. estaba ahora involucrado en la matanza de soldados rusos en territorio soberano ruso", en referencia a partes de Rusia que también Washington considera rusas
El reconocido periódico arrebató aproximadamente una hora de las vidas de sus lectores para contarles que el conflicto ruso-ucraniano es, en realidad, una guerra proxy de EE.UU. y sus aliados contra Rusia
The New York Times también reseña cómo en 2024 los avances territoriales ya recaían exclusivamente del lado ruso y el hecho de que las expectativas ucranianas de regresar a las fronteras de 1991 no eran nada realistas, algo que sostiene Moscú no ya desde 2022, sino desde 2014.
Finalmente, la explicación del diario a por qué, tratándose la alianza gringo-ucraniana de algo tan magnífico y poderoso, y siendo supuestamente los rusos unos completos incompetentes, hoy Ucrania ya no tiene asegurada ni su futura viabilidad como Estado, se reduce a problemas de comunicación y hasta filosóficos entre Washington y Kiev. Mientras los ucranianos decían que les faltan equipos, los estadounidenses contraargumentaban que lo que les faltan son hombres que los manejen. Vaya, para tratarse de una sociedad tan 'capaz', conformada por 'auténticos genios' de la estrategia militar, la verdad podrían haberse puesto de acuerdo en eso, para empezar.

Es decir, si recapitulamos, el reconocido periódico arrebató aproximadamente una hora de las vidas de sus lectores, para contarles que el conflicto ruso-ucraniano es, en realidad, una guerra proxy de EE.UU. y sus aliados contra Rusia, en la que inyectan dólares para derramar sangre eslava y así probar armamento y tratar de debilitar a los rivales de Washington. Ni más ni menos que lo que ha venido diciendo la llamada 'propaganda rusa' (en muchos menos caracteres, además) desde hace años.
Y si uno de los medios de referencia estadounidense lo dice ahora y no antes no se debe a que necesitaran meses y meses de ardua investigación periodística, sino a que se ha vuelto tan obvio que ya no pueden callarlo por más tiempo.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de ¡Ahí les va!, escrito y dirigido por Mirko Casale
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